martes, septiembre 15, 2009

México: la deforestación amenaza la biodiversidad y la vida

Escrito por Gabriela Guerra Rey (*) lunes, 14 de septiembre de 2009
14 de septiembre de 2009, 01:05

México (PL) En México se deforesta cada año desde el 2001 unas 314 mil hectáreas de bosques, selvas y zonas áridas, advierte un estudio sobre el tema divulgado en esta capital.

Esta cifra recuerda que una de las amenazas recién mencionadas por el gobierno para la seguridad nacional, son los daños medioambientales y el cambio climático.

Un editorial de El Universal, revela los resultados de las investigaciones del biólogo José Sarukhán, coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio).

Su trabajo arroja espeluznantes datos, sin embargo, en cuanto a las zonas devastadas, los ambientalistas proporcionan peores números.

En su opinión el promedio anual de pérdida supera las 500 mil hectáreas (del total de 56 millones), lo cual coloca a México en el cuarto país más sufrido en su entorno a nivel mundial.

De manera pragmática, el estudio de Sarukhán, Transformación de los Sistemas Naturales de México del Instituto Nacional de Ecología, advierte que la mitad de la cobertura vegetal ha sido eliminada, con la consecuente e irreversible transformación de ecosistemas.

Los causantes son el desarrollo agropecuario, ganadero y el crecimiento de las zonas urbanas inicialmente, que arrasaron desde hace varias décadas con cientos de especies de flora y fauna.

Estas, por sus características endémicas, desaparecieron del planeta en unos cuantos lustros, según investigadores.

Además de las enormes pérdidas de bosques tropicales húmedos, templados, zonas áridas y desiertos naturales, se hace una mención especial a la extinción de humedales, fundamentalmente manglares, catalogados como uno de los ecosistemas más variados.

La investigadora Patricia Koleff, directora de Técnica y Análisis de la Conabio, ha alertado que, de las selvas del sureste de México lo que queda son pequeños remanentes, lo cual podría considerarse como unos cuantos parches fragmentados.

De no revertirse esta tendencia vamos a ser la generación que documente la pérdida de capital natural que son las selvas, otro de los jugosos ecosistemas del mundo, señaló.

La especialista destacó que además del desarrollo humano como causante de la eliminación de áreas naturales, las últimas administraciones federales del país tienen también sus culpas.

En el Poder Ejecutivo han apostado por una política sustentada en el modelo de desarrollo económico, sin atender al medio ambiente como parte de un capital de todos los mexicanos, comentó Koleff.

El estudio denuncia que no se ha sabido valorar en su justa medida los beneficios de los recursos naturales.

México es una de las 12 naciones del orbe consideradas como mega diversas, pese a que representa solo un uno por ciento de la superficie terrestre.

Según el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, los programas gubernamentales de colonización y desarrollo, y el cambio de uso de suelo hacia actividades agropecuarias, son fuentes principales de pérdida de superficie forestal a nivel mundial.

También figuran la explotación comercial desmedida y la extracción ilegal de madera de los bosques.

Para el caso mexicano, señaló, la Comisión Nacional de Desmonte, creada en los años 70 del pasado siglo, y que estuvo vigente 10 años, se dedicó a deforestar bosques y selvas a como diera lugar.

Al respecto, Sarukhán comentó que en ese momento se pensaba que había que abrir la frontera agrícola, en vez de analizar cómo hacer para tener rendimientos más altos con menos daños ecológicos.

Adicional a los desgastes medioambientales con terribles consecuencias para el país, históricamente rico en biodiversidad, se plantea la crisis del agua.

En estos días el gobierno advirtió que puede ser motivo de conflictos si no hay un manejo integral y sustentable de este recurso.

La actual sequía está haciendo severos estragos en gran parte del territorio nacional, incluyendo directamente dentro de sus víctimas a los campesinos, productores agrícolas y ganaderos, y finalmente a las poblaciones más pobres que dependen de esos medios de subsistencia.

Héctor Magallón, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace, señala que la captación de agua por los sistemas naturales ha bajado cada vez más por la reducción de las áreas boscosas.

De manera general, los expertos prevén el desastre evidente, pues la deforestación ocasiona la pérdida de la riqueza biológica, pone en riesgo el abasto de agua y además acelera el cambio climático.

Se estima que un 20 por ciento de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero a nivel mundial provienen de la pérdida de los ecosistemas forestales, que desaparecen a un ritmo de 13 millones de hectáreas cada año en el mundo.

Las consecuencias son fatales para los mil millones de hambrientos que hay en el planeta, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Al tiempo, los perjuicios económicos están estimados en unos 20 años en alrededor del 20 por ciento del Producto Global Bruto, mientras que encarar los daños puede costar apenas entre dos y tres por ciento.

(*) La autora es corresponsal de Prensa Latina en México.

Corrupción perturba vida social y económica de Magdalena Apasco

Despertar

13/09/2009 04:00:00 Francisco Ramírez

MAGDALENA APASCO, ETLA.- La voracidad de un grupo de pseudo comuneros propició que esta localidad del Valle Eteco viva una separación que la tiene al borde de un conflicto social de grandes dimensiones. Amenazas, denuncias anónimas y agresiones son el pan de cada día para los habitantes que ya están hartos de la situación.

“La corrupción ha trastocado la vida social y económica de Magdalena”, afirma uno de los pobladores que pide el anonimato, toda vez que dice “hablar” es poner en riesgo su integridad y la de su familia.

Su dicho confirma el silencio que la comunidad guarda respecto a la situación que se vive en este pueblo ubicado a 35 kilómetros de la capital del estado. “Los únicos autorizados son el presidente y las autoridades comunales elegidas por el pueblo”, agrega el entrevistado.

Son poco más de las dos de la tarde y el municipio está desolado, poco son quienes se atreven a dar una orientación respecto a los personajes representativos de la comunidad, la mayoría dirige su recomendación hacia la presidencia municipal. “Ellos son los únicos que pueden dar información”, dicen.

De la misma manera se refiere el entrevistado, quien luego de cruzar algunas palabras se ve convencido y explica: “Es cuento de no acabar, desde septiembre de 2008 se inició esta pugna, no lo podíamos creer. Los integrantes del Comisariado de Bienes Comunales en dos años se volvieron millonarios: Ernesto Rueda Victoria, Joaquín Victoria Gómez, Magdaleno Jiménez y Tereso Cervantes, se chingaron una millonada”.

Encaminando a los reporteros al interior de un domicilio, el hombre de tez morena y sombrero de palma, cuenta que estas personas el 21 de septiembre de 2008 fueron destituidos por el pueblo cuando se descubrió un documento donde se hicieron claras sus tropelías.

“Cometieron un fraude por más de cinco millones de pesos y que les fue comprobado, hoy este problema ha llevado a tambalear hasta las finanzas del municipio, pues en esta situación se ha vinculado al actual presidente municipal –Juan Francisco Cuevas Chávez- como responsable de la división del pueblo”.

El narrador de estos hechos pide discreción, pero no deja de reconocer que quienes fraguaron el millonario fraude aún se ostentan con el carácter de autoridades de bienes comunales.

“Durante dos años saquearon los recursos de Magdalena Apasco, la empresa que explotaba la mina de piedra –Vogasa- denunció que los integrantes del Comisariado de Bienes Comunales los extorsionaban a través de un asesor que era hermano del presidente”, explica.

En su conversación, el nativo reconoce que hay personas que han sido amenazadas, otras denunciadas ante la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) por haberse entrometido y sacar a la luz pública la situación que se venía sucediendo. “No, sí era demasiado, estas autoridades se daban el lujo de hacerse cada regalito, uno compró camioneta de lujo para su hijo, otro de ellos compró casas y terrenos; es más, se habla que hasta las autoridades de la Procuraduría Agraria (PA) se vieron compradas con las dádivas que les otorgaban, quizá por ello es que la dependencia no ha hecho nada para reconocer a las autoridades que hemos nombrado”, asegura.

De acuerdo con el entrevistado, la PA a cargo Óscar Reyes Armendáriz, ha hecho caso omiso de esta situación que han comenzado a reclamar los verdaderos comuneros de la población y que se encuentran enlistados dentro de un documento oficial que otorga este reconocimiento.

“Hay papeles que lo avalan, todo está documentado”, repite a la vez que reitera la invitación para que se acuda a las autoridades municipales para tener más detalles de la problemática que vive la localidad.

En este sentido, señala que los autorizados para hablar del tema también son Hugo Tomás Chávez Cervantes, Juan Chávez, Joel Roque Espinoza, Timoteo Espinoza, quienes son las autoridades comunales electas en septiembre de 2008 cuando fueron destituidos los otros pseudo comuneros.

“Desde entonces comenzó el alboroto. En enero de 2009 nos manifestamos frente al parque maquilador para demandar la atención de las autoridades estatales y de la misma Procuraduría Agraria, desde entonces no ha pasado nada. El mes pasado la comunidad entera bloqueo los accesos a la comunidad, es más impidió el paso a los malos comuneros y tomó la determinación de suspenderles los servicios, la intensión del pueblo es desterrarlos con todo y sus familias”, afirma.

¿Esto puede generar violencia?

“Sí, lo sabemos, pero no podemos permitir más abusos contra el pueblo, nos regimos por usos y costumbres y la asamblea es la que manda”, recalca el hombre quien así da por terminada su plática.

DESPERTAR recorrió la comunidad, se ve en paz, pero en su gente se siente la desconfianza y quizá el temor de verse reprimido o ponerse en riesgo de sufrir alguna agresión.

viernes, septiembre 11, 2009

La moda del comercio justo

ecoportal
07-09-09 Por Ana Muñoz Álvarez - Periodista. Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), España. Sodepaz -

Desde 2004, las ventas de productos de comercio justo han aumentado de algo más de 800 millones a cerca de 3.000 millones de euros, según las cifras de productos certificados por el Sello de Comercio Justo, al que se vinculan un millón y medio de personas en los países del Sur. Hoy, los consumidores de los países del Norte podemos encontrar en grandes almacenes café, té, azúcar, caramelos... con logos de ONG y comercio justo. También cada vez más empresas y hoteles ponen a disposición de sus clientes y empleados productos por los que se paga un precio justo y que permiten mejorar la calidad de vida de los agricultores y productores de los países empobrecidos del Sur. Más de siete millones de personas, adscritas al Sello de Comercio Justo, han mejorado sus condiciones de vida, según su último informe anual.
Pero el comercio justo no sólo se queda en los productos de consumo. Muebles, menaje del hogar, ropa... están más de moda que nunca si vienen con la etiqueta del Sur. Los más “puristas” creen que este crecimiento hará que se pierdan los valores originales de lucha contra unas estructuras comerciales injustas. Para los defensores de esta postura, el comercio es un instrumento para conseguir una transformación social intensa, que mueva los cimientos de una sociedad en la que “cuanto más, mejor”, donde hay que tener más, ganar más, ser el primero...
Organizaciones como Sodepaz defienden que no se puede colaborar con empresas que no respetan los derechos de las personas con las que trabajan, que promueven la deslocalización, que destruyen la actividad económica y comercial locales, que crean trabajos temporales, que explotan a los trabajadores más desfavorecidos...
Starbucks, por ejemplo, ha abierto una línea de productos de comercio justo, pero su filosofía empresarial no ha cambiado un ápice. El Instituto Adam Smith publicó en el año 2008 un estudio que acusaba al modelo de comercio justo de ser un elemento de distorsión y que favorece sólo a unos pocos y deja en peor situación a las comunidades en las que trabajan. Además, aseguraba que sólo el 10% del sobreprecio que pagamos los consumidores llega al terreno, demostrando que los que siguen ganando son los intermediarios. Así, el comercio justo poco o nada está cambiando las estructuras del comercio internacional establecidas.

Los productores del Sur también hablan.
La Asociación de Pequeños Productores de Tongorrape de Perú explica que el comercio justo nació para que los pequeños productores pudiesen acceder al mercado y, aunque, pequeños y de manera lenta, están comenzando a tener un hueco en el comercio internacional.
Si Asia, Latinoamérica y África consiguieran aumentar la cuota de sus exportaciones mundiales en tan sólo un 1%, defienden desde Intermón, los beneficios generados supondrían cinco veces la cantidad que reciben en concepto de ayudas y más de 100 millones de personas saldrían de la pobreza.
Ante esta polémica, desde organizaciones como SETEM, nos preguntan a los consumidores si pagaríamos 1,50 euros más por una camiseta más justa. Bajo esta inocente pregunta, lo que en realidad nos tenemos que cuestionar es si nosotros, los privilegiados a los que nos “tocó” nacer en los países del Norte estaríamos dispuestos a renunciar a “nuestra calidad de vida”, a compartir nuestra riqueza, a ser algo menos ricos para que todos viviésemos mejor.

miércoles, septiembre 09, 2009

GUERRERO SIN HAMBRE

Programa Estratégico de Seguridad Alimentaria

Una Política Pública de Desarrollo Rural Sustentable basada en la Atención Prioritaria a los Campesinos Pobres

Mientras que en el país, la pobreza alimentaria rural aumentó en 7% de 2006 a 2008, Guerrero Sin Hambre redujo la pobreza alimentaria de los beneficiarios en 18% y la desigualdad en la distribución del ingreso de los pobres alimentarios en 22% en esos mismos años. Resultados de la evaluación de impacto Colegio de México AC - Universidad de California, Davis EUA.
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martes, septiembre 08, 2009

El quebrantahuesos vuelve a sobrevolar los Picos de Europa

Asturias, Cantabria, Castilla y León y Aragón trazarán el lunes en Colombres la hoja de ruta para recuperar la especie
El Comercio digital 04.09.09 - A. VILLACORTA | GIJÓN

«Asturias debe tener quebrantahuesos». La frase del director general de Biodiversidad y Paisaje del Principado, José Félix García Gaona, el objetivo irrenunciable del Ejecutivo regional, tiene por fin una fecha clave tras sucesivos aplazamientos.
Será el lunes cuando los gobiernos de Asturias, Cantabria, Castilla y León y Aragón se reunirán bajo el auspicio de la dirección del Parque Nacional de los Picos de Europa en Colombres para trazar una hoja de ruta que permita recuperar esta especie en peligro de extinción en España, donde apenas hay un centenar de parejas reproductoras.
La reunión está llamada a convertirse en una cita histórica para la reintroducción del ave en los Picos, donde hace más de medio siglo que ninguna pareja instala nido y donde sólo hay ejemplares que emigran desde los Pirineos para pasar cortas temporadas en territorio asturiano.
El plan pinta bien porque uno de los quebrantahuesos de linaje asiático con los que se está intentando repoblar la Sierra de Cazorla, de nombre Pontones, se ha marchado de ese hábitat, se ha asentado en la parte Sur de los Picos y ha sido avistado sobre las montañas de León y Palencia. A Pontones se suma otro quebrantahuesos de seis años que también sobrevuela la Cordillera y que vaga entre Asturias y Cantabria, aunque, en este caso, pertenece a la especie autóctona y procede del Pirineo Central.
El problema con estas aves es que, como llegan, se van, porque no encuentran a otros ejemplares de su especie con los que socializar. Así que las esperanzas están puestas en traer en fechas próximas a un ejemplar disponible en el Pirineo: el pollo Segundino, que se colocaría en una jaula en un roquedal como señuelo para fijar ejemplares, un método que ha demostrado su validez en la recuperación del cóndor andino.
Segundino, uno de los dos ejemplares que logró sacar adelante el centro de cría enclavado en Aragón este año, llamado así por el ser el segundo de la nidada y recogido a los tres días de nacer, herido como consecuencia de la costumbre de los quebrantahuesos de eliminar a los propios hermanos, se ha convertido, por tanto, en la gran esperanza blanca. «Él es la primera pieza de una estrategia que debe concluir con la liberación en los Picos de Europa de más polluelos traídos de los Pirineos el próximo junio», explica Gerardo Báguena, de la Fundación Quebrantahuesos.

No hay tiempo que perder.
De aprobarse en la cumbre de Colombres ese refuerzo de los Picos de Europa con ejemplares pirenaicos, «la operación tendría de empezar ya, porque en diciembre comienza la época de celo y habría que planificar la recogida de huevos o ejemplares de nidadas con dificultades para sacarlos adelante y soltarlos el verano próximo en la Cordillera». Si todo sale bien, según García Gaona, «el próximo año ya debería haber cuatro polluelos y algunos adultos en unas jaulas instaladas en los Picos».

Cae producción en sector forestal

Se depende de la madera de China y Chile, señalan

El Universal
Martes 08 de septiembre de 2009

Don José entrecierra los ojos para recordar su infancia al lado de un bosque que cada día ve desaparecer. Hace 80 años el ejido de Guadalupe Victoria, enclavado en Chiapas, “era todo verde, llovía casi diario y desde que empezamos a cortar los árboles para sembrar maíz, ya casi ni llueve, hemos perdido más de lo que ganamos”, comenta con tristeza el campesino.
Gustavo Sánchez Valle, director del Foro Forestal Mexicano, considera que efectos de la sequía que se registran este año en casi todo el territorio nacional se vienen acumulando desde hace décadas. “Esta falta de lluvia viene a agravar un panorama ya de por si crítico donde tenemos un comportamiento muy negativo de los principales indicadores de desempeño del sector forestal”. El también coordinador de programas comunitarios forestales advierte sobre la caída de la producción maderable y la disminución de la superficie bajo manejo forestal. En sus números antes de 2000 se producían más de nueve millones de metros cúbicos de madera; ahora la cifra apenas supera los 2 millones de metros cúbicos. Por su experiencia con comunidades que están trabajando en el manejo sustentable de los recursos forestales en México, opina que a pesar de que en los últimos años se han destinado recursos presupuestales al sector, éstos no se han canalizado a las áreas que sí están dando resultados.
A pesar de la deforestación, asegura que cada vez somos más deficitarios en productos forestales. “Tenemos un mercado que demanda productos, pero somos cada vez menos capaces de abastecerlos, dependemos de las importaciones de China y Chile para satisfacer la demanda en el mercado”.
Sergio Madrid, director ejecutivo del Consejo Civil Mexicano para la Silvicutura Sostenible, alerta sobre la necesidad de que se invierta en caminos forestales primarios y secundarios, porque el deterioro en que se encuentran impide que los productores nacionales puedan llegar a las madererías a ofrecer sus productos. “El costo por bajar la madera a las zonas industriales la hace poco competitiva, porque eleva los gastos y es más cara que la que viene de China”.

Trabajo comunal
El también representante de la Sociedad para la Promoción del Manejo Forestal Sostenible comenta que 60 comunidades a las que él asesora cuentan con una certificación internacional que avala el plan de uso de los bosques. Entre ellas está el ejido de Nuevo San Juan Parangaricutiro, en Michoacán, donde Pablo Sandoval, de 60 años, relata su vida en un bosque que ha sido rescatado y del cual se sostiene la economía de la comunidad. “Nosotros empezamos a cuidar el bosque hace como 20 años, hubo épocas en que por sembrar maíz, los incendios y la tala ilegal, por poco lo vemos morir. Pero ahora nosotros mismos lo cuidamos, tenemos guardia la 24 horas los 365 días del año para que nadie venga a robarnos el patrimonio de nuestras familias”.
Daniel Aguilar, director técnico del ejido, señala que el éxito del trabajo comunal está en que han alcanzado acuerdos. “Aunque hemos recibido apoyo técnico y algunos subsidios del gobierno, los habitantes han hecho la mayor parte del trabajo para que hoy este lugar sea modelo de productividad sustentable, sostuvo Aguilar. Para Pablo y Daniel la motosierra no es el principal enemigo de los bosques. La lucha en la zona es contra la burocratización de los trámites para el uso de la madera y los taladores clandestinos. Simplemente, denuncia Daniel, las comunidades de Angagua y Capacuaro viven de robarse la madera y la Procuraduría de Protección al Ambiente, (Profepa) sólo tiene 10 supervisores en todo el estado.

México acelera su paso a la desertificación

La sobreexplotación de los ecosistemas, su uso irracional y el crecimiento económico han provocado un severo deterioro ambiental, advierten especialistas

Evangelina Hernández
El Universal

Martes 08 de septiembre de 2009 (tercera de siete partes) Si a usted le dijeran que los seres humanos afectamos más al planeta que el meteorito que generó la extinción de los dinosaurios que habitaban la Tierra hace 65 millones de años, seguramente calificaría la aseveración como una locura. El problema es que la afirmación es cierta. El hombre está generando un efecto de esas dimensiones, advierte el biólogo José Sarukhán Kermez, coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). “El impacto es más sutil, pero el cambio que está generando la actividad humana es de esa magnitud. Es una modificación de las condiciones del planeta y la contribución de los mexicanos está entre los primeros lugares del mundo”.

Los recursos naturales de México son únicos.
A pesar de representar sólo 1% de la superficie terrestre, su diversidad biológica resalta al ser comparada con la de muchos otros países, pues forma parte de las 12 naciones megadiversas en la orbe. Sin embargo, la irracionalidad de su uso, la sobreexplotación de los ecosistemas y el impacto del crecimiento económico han provocado un severo deterioro ambiental, alertan investigadores y ecologistas en el documento Capital Natural de México, coordinado por la Conabio.
De finales de la década de los 70 hasta 2000 se perdieron en México más de 84 mil hectáreas de cobertura vegetal, de acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). En cifras conservadoras de la propia institución, cada año se deforestan 314 mil hectáreas, de 2001 a la fecha. Los ambientalistas difieren y aseguran que el promedio anual de pérdida supera las 500 mil hectáreas. Estos porcentajes de pérdida nos colocan en el cuarto lugar mundial.
La cobertura forestal de México es de 56 millones de hectáreas en total. La mitad de la cobertura vegetal del país ha sido eliminada, con la consecuente e irreversible transformación de los ecosistemas. El desarrollo agropecuario, ganadero y el crecimiento de las zonas urbanas han arrasado con cientos de especies de flora y fauna que, por sus características endémicas, desaparecieron del planeta en unas cuantas décadas, coinciden ambientalistas e investigadores.
Según el estudio Transformación de los Sistemas Naturales de México del Instituto Nacional de Ecología, actualizado hasta 2007, la superficie deforestada anualmente por tipo de vegetación muestra esta tendencia: 51% afecta a selvas, 34% a bosques y 15% a zonas áridas. “Nuestro país ha perdido más de 95% de sus bosques tropicales húmedos (incluyendo selvas perennifolias y bosques mesófilos), más de la mitad de sus bosques templados, y un porcentaje difícil de cuantificar de los recursos de sus zonas áridas y desiertos naturales, pero que sin duda también representa más de la mitad del acervo original”, se advierte en la citada investigación.
También se señala que una mención aparte merece la desaparición de humedales, especialmente de manglares, cuya importancia, en función de su productividad biológica, no guarda proporción alguna con su reducida extensión geográfica.
Nuestros humedales han ido cediendo terreno a desmontes y rellenos para actividades agropecuarias o proyectos de camaronicultura, y han sufrido alteraciones diversas como resultado del desarrollo urbano o de la creación de infraestructura, se señala en el estudio.
La investigadora Patricia Koleff, directora de Técnica y Análisis de la Conabio, va más allá en su análisis y considera que en cuanto a terrenos forestales, lo que todavía tenemos está muy degradado. “Nos queda 50% de la cubierta verde que teníamos pero esa vegetación ya no está en estado primario. De las selvas del sureste de México lo que nos queda son pequeños remanentes, unos cuantos parches fragmentados”.
Y sobre esta afirmación advierte que de no revertir esta tendencia “vamos a ser la generación que documente la pérdida de capital natural que son las selvas, uno de los ecosistemas más ricos del planeta”. El deterioro de los ecosistemas está muy relacionado con el boom de la revolución industrial, coinciden los especialistas.
Pero, señala Koleff, estamos resintiendo los resultados de que las últimas administraciones gubernamentales de México hayan apostado por una política sustentada en el modelo de desarrollo económico sin atender al medio ambiente como parte de un capital de todos los mexicanos. “A lo largo de la historia, en el ámbito de las políticas públicas hemos procedido como si tal diversidad no existiera, de acuerdo con la visión de quienes han tenido en sus manos la conducción de la vida nacional, basada en intereses personales y de grupo”, se advierte en el estudio del capital natural de México.
Tanto ambientalistas como investigadores coinciden en que no hemos sabido valorar en su justa medida los beneficios de los recursos naturales que tenemos. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental señala que entre las fuentes principales de pérdida de superficie forestal en el orbe se encuentran los programas gubernamentales de colonización y desarrollo, el cambio de uso de suelo hacia actividades agrícolas y ganaderas (en muchos casos alentado por programas y políticas también del gobierno), la explotación comercial desmedida y la extracción ilegal.
En México, por ejemplo, en los años 70 se creó la Comisión Nacional de Desmonte, vigente 10 años, que se dedicó a tumbar bosques y selvas a como diera lugar, y el gobierno de entonces entregó subsidios a los pequeños productores para que metieran en sus tierras desde chivos y cabras, hasta cultivos, sin tomar en cuenta el daño a los ecosistemas.
Sarukhán comenta: “En ese momento se pensaba que había que abrir la frontera agrícola en vez de pensar en cómo hacer para tener rendimientos más altos con menos daños ecológicos por hectárea”. Las presiones poblacionales sobre los recursos forestales y la biodiversidad son claras. Algunos estudios interrelacionan el crecimiento numérico de la humanidad con la pérdida de hábitat (principal causa de eliminación de especies naturales). En el caso de México, si las tendencias continúan, se espera que al aumentar la densidad de población de 478 personas por kilómetro cuadrado en 1995 a 807 en 2050, ello vaya ligado a 67% de pérdida de hábitats.

Desordenada ocupación
La biodiversidad y los ecosistemas del país manifiestan síntomas de un impacto antropogénico desde hace siglos, pero ha sido particularmente agudo en las últimas cuatro o cinco décadas, caracterizadas “por la intensa huella ambiental que la actividad humana imprime a los ecosistemas que albergan la biodiversidad”, se expresa en el análisis sobre el Capital Natural de México.
Esta desordenada ocupación del territorio para fines urbanos o de producción agrícola ha exacerbado el efecto de los fenómenos naturales, “causando desastres con costos sociales y económicos muy elevados”. Se estima que los desmontes ilegales con fines de cambio en el uso del suelo son responsabilidad de 90% de la deforestación en México. Los incendios, la tala clandestina y las plagas forestales constituyen el resto de las causas.
Sarukhán Kermez, también fundador del Instituto de Ecología de la UNAM, comenta en entrevista que la deforestación y la agricultura aportan alrededor de 25% a 30% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI). En su análisis, no sólo las pérdidas cuantificables son de alto valor. “El daño va más allá porque arrasa con los servicios ambientales, uno de ellos la captura del dióxido de carbono (CO2), que se da no sólo en los sistemas verdes, también en los marinos”. Advierte: “Por un lado estamos bombeando más gases de efecto invernadero y por otro estamos reduciendo la capacidad de los sistemas ecológicos que los absorben, la acumulación de esos gases en la atmósfera se está haciendo cada vez mayor, lo que contribuye a la aceleración del cambio climático”.
Otro efecto de la pérdida de los servicios ambientales es la crisis del agua. Héctor Magallón, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace, señala que la captación de agua por los sistemas naturales ha bajado cada vez más por la reducción de las áreas boscosas. La deforestación ocasiona la pérdida de nuestra riqueza biológica, pone en riesgo el abasto de agua y además acelera el cambio climático. Se estima que 20% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a nivel mundial provienen de la pérdida de los ecosistemas forestales que desaparecen a un ritmo de 13 millones de hectáreas cada año en el mundo. “Ya hemos perdido alrededor de 47 millones 651 mil 200 hectáreas de ecosistemas forestales. Si seguimos a este paso, de aquí a 2020 perderemos más de 10% de lo que nos queda”, opina el ambientalista Magallón.
En el estudio del Capital Natural se documenta que la degradación de los bosques reduce la polinización y consecuentemente afecta los rendimientos de los cultivos aproximadamente en 30%.

Daños económicos
Según las evaluaciones del economista inglés Nicolás Stern, el costo económico de encarar el cambio climático sería de 2% o 3% del producto global bruto, aunque no hacerlo implicará en unos 20 años, más de 20%. “La no acción tiene un costo gigantesco. Cuesta hacer este esfuerzo de reducción pero así es el tamaño del problema”, señala Sarukhán.
Patricia Koleff asegura que la prevención sería lo más económico. “Si hoy tomamos medidas e invertimos, quizá 2% del PIB, vamos a ahorrar en el costo de la desaparición de cientos de miles de hectáreas del capital vegetal de México. Sarukhán Kermez hace un llamado en el sentido de que no todos los daños son cuantificables en el aspecto económico. “Estamos modificando el escenario evolutivo que generó la vida como hoy la conocemos y de la cual somos producto, somos una especie más de los varios millones que existen en el planeta, sin embargo, no ha habido otra que haya modificado tan profundamente ese proceso”, agrega el coordinador de la Conabio.
“La dimensión del cambio es tan grande que las condiciones ambientales que son las que determinan el rumbo evolutivo de los organismos han cambiado profundamente, hemos perdido en el planeta 50% de las áreas cubiertas por ecosistemas naturales, estamos modificando profundamente los sistemas oceánicos. Hay muchas especies que están extintas o que están en el proceso de extinguirse, la tasa estimada de extinción es mil veces más alta que la tasa que ha existido históricamente”.

viernes, septiembre 04, 2009

CARABIAS PROPONE APROVECHAR CRISIS PARA REPLANTEAR MODELO ECONÓMICO

La Crónica de hoy
jueves 03 de septiembre de 2009

La crisis financiera debe tomarse como la oportunidad para lanzar un modelo de desarrollo económico diferente que aproveche de manera sustentable el potencial que ofrece la diversidad natural del país y sea la base para generar nuevos empleos e ingresos, señaló Julia Carabias Lillo, presidenta del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente (Ceiba)

MÈXICO, D.F. 2 septiembre 2009.- Al presentar su ponencia magistral en el seminario-taller Crisis Económica y Medio Ambiente, la bióloga indicó que este nuevo esquema económico debe estar basado en la explotación racional de los recursos naturales y dar prioridad a la conservación de la biodiversidad. “La economía y la conservación de los recursos van de la mano para generar riqueza”, agregó.
Añadió que los sistemas de producción en México no incorporaron criterios ecológicos para la utilización de sus recursos. La infraestructura, dijo, no consideró los impactos ambientales y la ausencia de un mercado diversificado ha limitado el desarrollo económico, por lo que el costo ambiental es el costo del desarrollo. “Un problema del deterioro ambiental a analizar en el contexto de la crisis son las reformas de la tenencia de la tierra, puesto que en ellas no hubo cuidado en el manejo del capital natural: su repartición dio paso a la transformación en los ecosistemas provocando resultados muy nocivos.
“Esto se debe a que durante muchos años se dieron concesiones a gente que no era dueña de las tierras, lo cual provocó procesos de explotación hasta el agotamiento”, aseguró la también investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM.
Enfatizó que la administración pública no ha incluido una garantía que valore la biodiversidad. Los países, frente a la crisis, han actuado de manera distinta para aminorar este problema, pero no se está contemplando el riesgo ambiental. “Si la salida, otra vez, a esta crisis es a costa del medio ambiente, la vamos a pagar muy caro”, sentenció Carabias Lillo.

CONSUMO.
Durante el evento realizado en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, la experta explicó además que los patrones de consumo han establecido una demanda de bienes y servicios que no son sustentables, lo cual impacta en los sistemas ambientales.

DESHIELO DEL ÁRTICO AMENAZA A 25% DE POBLACIÓN MUNDIAL

La Jornada
jueves 03 de septiembre de 2009

Ginebra, 2 de septiembre. El deshielo del Ártico provocado por el calentamiento global amenaza a cerca de 25 por ciento de la población mundial con graves inundaciones, alertó hoy un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), considerado una de las más respetadas organizaciones conservacionistas independientes del mundo.
En el contexto de la tercera Conferencia Mundial sobre el Clima, que culminará el próximo viernes, el estudio señaló que “en 2100 el nivel de los océanos podría aumentar hasta un metro, lo que pondrá en peligro a poblaciones que viven cerca de las costas”. El informe subrayó que “en la actualidad el Ártico se sobrecalienta dos veces más que toda la Tierra en su conjunto, lo que constituye una amenaza para todo el planeta”, señaló Martin Sommerkorn al presentar el estudio.

Europa y América del Norte, las más afectadas
El calentamiento del Ártico, provocado por el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático externo, “puede provocar inundaciones que afectarán a más de la cuarta parte de la población mundial”, advirtió.
Sommerkorn externó su preocupación por las revelaciones del informe y dijo que el problema del calentamiento del Ártico es de dimensiones globales, pues si no mantenemos una temperatura baja en la zona será una cuestión que “afectará a todos”. Por otra parte, el WWF indicó que “los efectos negativos provocados por el impacto del calentamiento del Ártico harán que el aumento de las temperaturas globales sea mucho más severo de lo reflejado en previsiones anteriores”.
“La dramática pérdida de hielo derivada del calentamiento en el Ártico, a una tasa cercana al doble del resto del mundo, influirá en la circulación atmosférica y, por lo tanto, en el clima mundial”, apuntó. “Esta proyección estima cambios en patrones de temperatura y de precipitación en Europa y América del Norte, afectando a la agricultura, la silvicultura y las reservas de agua”, alertó el reporte.

INVERTIR EN ECOSISTEMAS AYUDA A COMBATIR CAMBIO CLIMÁTICO

Son las conclusiones del estudio "The Economics of Ecosystems and Biodiversity", que tiene como objetivo valorar el impacto económico que tiene la pérdida de la biodiversidad

El Universal
jueves 03 de septiembre de 2009

Invertir en la restauración y el mantenimiento de los ecosistemas ayuda a preparar mejor a las economías vulnerables al cambio climático, informaron este miércoles en Berlín los expertos que trabajan en el estudio "The Economics of Ecosystems and Biodiversity" (TEEB), un proyecto financiado por el gobierno alemán y la Comisión Europea.
Se trata de una de las últimas conclusiones incluidas en TEEB, que tiene como objetivo valorar el impacto económico que tiene la pérdida de la biodiversidad, y que nació en 2007, tras la cumbre de ministros de medio ambiente del G8 + 5 celebrada en Potsdam.
El líder de TEEB, Pavan Sukhdev, explicó que un ejemplo muy claro sería la pérdida total de los arrecifes de coral, que desempeñan un papel fundamental a la hora de proteger a las costas contra los desastres meteorológicos debidos al calentamiento de la Tierra.
“Los servicios que proporcionan los arrecifes de coral están valorados en 170 mil millones de dólares estadounidenses al año, y se calcula que cerca de 500 mil personas dependen de estos ecosistemas para subsistir, además de una cuarta parte de las especies animales marinas”, señaló Sukhdev.
Los científicos descubrieron que se producen daños irreversibles en los arrecifes de coral a consecuencia del aumento de la temperatura de los océanos y los cambios en la acidificación de las aguas, fenómenos que aparecen cuando las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) superan las 350 partes por millón (ppm).
De hecho, las concentraciones de CO2 se encuentran ya por encima de esas cantidades, concretamente en torno a las 450 partes por millón, lo que puede suponer la extinción de este ecosistema en un par de décadas, con sus correspondientes consecuencias económicas, sociales y humanas.
Pero los arrecifes de coral son sólo un ejemplo, y otros ecosistemas que están en peligro y en los que hay que invertir son los ríos, los humedales o los bosques, señala el informe de TEEB.
Cada año los bosques de todo el mundo, además de ser una importante fuente de recursos naturales y económicos con vistas al turismo, absorben cerca de 5 gigatoneladas, o lo que es lo mismo el 15%, de las emisiones de CO2 que genera la Tierra, el principal gas de efecto invernadero.
Por lo tanto, invertir en iniciativas como la "Reducción de Emisiones derivadas de la deforestación y degradación de bosques" (REDD, por su siglas en inglés) no sólo ayuda a luchar contra el cambio climático, sino que también constituye una herramienta para afrontar los daños que ya se han producido.
En general, la gran biodiversidad con que cuenta el planeta en la actualidad, así como la denominada "infraestructura ecológica" se encuentran cada vez más en situación de riesgo.
Según el estudio, invertir en esa infraestructura ecológica de la Tierra y en sus ecosistemas resulta de gran interés económico: por ejemplo, por cada 45 mil millones de dólares que se destinan a las áreas protegidas, se están garantizando unos recursos naturales por valor de 5 billones al año.
Por este motivo, TEEB insta a los gobiernos a que valoren los beneficios y que adopten medidas que estén dirigidas a establecer políticas claras en cuanto a biodiversidad, con vistas a la convención de Naciones Unidas sobre cambio climático que tendrá lugar el próximo diciembre en Copenhague.
El Comisario Europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas, insistió en que los últimos avances en este sentido "demuestran que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son problemas que hay que afrontar de forma conjunta, y que requieren apoyo de la Unión Europea" .
Por su parte, el ministro alemán de Medioambiente, Sigmar Gabriel, indicó que "lo que necesitamos es un giro total en Copenhague. Tenemos que reconocer que la biodiversidad en la Tierra es pieza clave en las agendas de mitigación y adaptación" .

How Did Economists Get It So Wrong?

NEW YORK TIMES
September 6, 2009
By PAUL KRUGMAN.

I. MISTAKING BEAUTY FOR TRUTH
It´s hard to believe now, but not long ago economists were congratulating themselves over the success of their field. Those successes - or so they believed - were both theoretical and practical, leading to a golden era for the profession. On the theoretical side, they thought that they had resolved their internal disputes. Thus, in a 2008 paper titled "The State of Macro" (that is, macroeconomics, the study of big-picture issues like recessions), Olivier Blanchard of M.I.T., now the chief economist at the International Monetary Fund, declared that "the state of macro is good." The battles of yesteryear, he said, were over, and there had been a "broad convergence of vision." And in the real world, economists believed they had things under control: the "central problem of depression-prevention has been solved," declared Robert Lucas of the University of Chicago in his 2003 presidential address to the American Economic Association. In 2004, Ben Bernanke, a former Princeton professor who is now the chairman of the Federal Reserve Board, celebrated the Great Moderation in economic performance over the previous two decades, which he attributed in part to improved economic policy making.

Last year, everything came apart.

Few economists saw our current crisis coming, but this predictive failure was the least of the field´s problems. More important was the profession´s blindness to the very possibility of catastrophic failures in a market economy. During the golden years, financial economists came to believe that markets were inherently stable - indeed, thatstocks and other assets were always priced just right. There was nothing in the prevailing models suggesting the possibility of the kind of collapse that happened last year. Meanwhile, macroeconomists were divided in their views. But the main division was between those who insisted that free-market economies never go astray and those who believed that economies may stray now and then but that any major deviations from the path of prosperity could and would be corrected by the all-powerful Fed. Neither side was prepared to cope with an economy that went off the rails despite the Fed´s best efforts.

And in the wake of the crisis, the fault lines in the economics profession have yawned wider than ever. Lucas says the Obama administration´s stimulus plans are "schlock economics," and his Chicago colleague John Cochrane says they´re based on discredited "fairy tales." In response, Brad DeLong of the University of California, Berkeley, writes of the "intellectual collapse" of the Chicago School, and I myself have written that comments from Chicago economists are the product of a Dark Age of macroeconomics in which hard-won knowledge has been forgotten.

What happened to the economics profession?

And where does it go from here?As I see it, the economics profession went astray because economists, as a group, mistook beauty, clad in impressive-looking mathematics, for truth. Until the Great Depression, most economists clung to a vision of capitalism as a perfect or nearly perfect system. That vision wasn´t sustainable in the face of mass unemployment, but as memories of the Depression faded, economists fell back in love with the old, idealized vision of an economy in which rational individuals interact in perfect markets, this time gussied up with fancy equations. The renewed romance with the idealized market was, to be sure, partly a response to shifting political winds, partly a response to financial incentives. But while sabbaticals at the Hoover Institution and job opportunities on Wall Street are nothing to sneeze at, the central cause of the profession´s failure was the desire for an all-encompassing, intellectually elegant approach that also gave economists a chance to show off their mathematical prowess.

Unfortunately, this romanticized and sanitized vision of the economy led most economists to ignore all the things that can go wrong. They turned a blind eye to the limitations of human rationality that often lead to bubbles and busts; to the problems of institutions that run amok; to the imperfections of markets - especially financial markets - that can cause the economy´s operating system to undergo sudden, unpredictable crashes; and to the dangers created when regulators don´t believe in regulation.

It´s much harder to say where the economics profession goes from here. But what´s almost certain is that economists will have to learn to live with messiness. That is, they will have to acknowledge the importance of irrational and often unpredictable behavior, face up to the often idiosyncratic imperfections of markets and accept that an elegant economic "theory of everything" is a long way off. In practical terms, this will translate into more cautious policy advice - and a reduced willingness to dismantle economic safeguards in the faith that markets will solve all problems.

II. FROM SMITH TO KEYNES AND BACK

The birth of economics as a discipline is usually credited to Adam Smith, who published "The Wealth of Nations" in 1776. Over the next 160 years an extensive body of economic theory was developed, whose central message was: Trust the market. Yes, economists admitted that there were cases in which markets might fail, of which the most important was the case of "externalities" - costs that people impose on others without paying the price, like traffic congestion or pollution. But the basic presumption of "neoclassical" economics (named after the late-19th-century theorists who elaborated on the concepts of their "classical" predecessors) was that we should have faith in the market system.

This faith was, however, shattered by the Great Depression. Actually, even in the face of total collapse some economists insisted that whatever happens in a market economy must be right: "Depressions are not simply evils," declared Joseph Schumpeter in 1934 - 1934! They are, he added, "forms of something which has to be done." But many, and eventually most, economists turned to the insights of John Maynard Keynes for both an explanation of what had happened and a solution to future depressions.

Keynes did not, despite what you may have heard, want the government to run the economy. He described his analysis in his 1936 masterwork, "The General Theory of Employment, Interest and Money," as "moderately conservative in its implications." He wanted to fix capitalism, not replace it. But he did challenge the notion that free-market economies can function without a minder, expressing particular contempt for financial markets, which he viewed as being dominated by short-term speculation with little regard for fundamentals. And he called for active government intervention - printing more money and, if necessary, spending heavily on public works - to fight unemployment during slumps.

It´s important to understand that Keynes did much more than make bold assertions. "The General Theory" is a work of profound, deep analysis - analysis that persuaded the best young economists of the day. Yet the story of economics over the past half century is, to a large degree, the story of a retreat from Keynesianism and a return to neoclassicism. The neoclassical revival was initially led by Milton Friedman of the University of Chicago, who asserted as early as 1953 that neoclassical economics works well enough as a description of the way the economy actually functions to be "both extremely fruitful and deserving of much confidence." But what about depressions?

Friedman´s counterattack against Keynes began with the doctrine known as monetarism. Monetarists didn´t disagree in principle with the idea that a market economy needs deliberate stabilization. "We are all Keynesians now," Friedman once said, although he later claimed he was quoted out of context. Monetarists asserted, however, that a very limited, circumscribed form of government intervention - namely, instructing central banks to keep the nation´s money supply, the sum of cash in circulation and bank deposits, growing on a steady path - is all that´s required to prevent depressions. Famously, Friedman and his collaborator, Anna Schwartz, argued that if the Federal Reserve had done its job properly, the Great Depression would not have happened. Later, Friedman made a compelling case against any deliberate effort by government to push unemployment below its "natural" level (currently thought to be about 4.8 percent in the United States): excessively expansionary policies, he predicted, would lead to a combination of inflation and high unemployment - a prediction that was borne out by the stagflation of the 1970s, which greatly advanced the credibility of the anti-Keynesian movement.

Eventually, however, the anti-Keynesian counterrevolution went far beyond Friedman´s position, which came to seem relatively moderate compared with what his successors were saying. Among financial economists, Keynes´s disparaging vision of financial markets as a "casino" was replaced by "efficient market" theory, which asserted that financial markets always get asset prices right given the available information. Meanwhile, many macroeconomists completely rejected Keynes´s framework for understanding economic slumps. Some returned to the view of Schumpeter and other apologists for the Great Depression, viewing recessions as a good thing, part of the economy´s adjustment to change. And even those not willing to go that far argued that any attempt to fight an economic slump would do more harm than good.

Not all macroeconomists were willing to go down this road: many became self-described New Keynesians, who continued to believe in an active role for the government. Yet even they mostly accepted the notion that investors and consumers are rational and that markets generally get it right.

Of course, there were exceptions to these trends: a few economists challenged the assumption of rational behavior, questioned the belief that financial markets can be trusted and pointed to the long history of financial crises that had devastating economic consequences. But they were swimming against the tide, unable to make much headway against a pervasive and, in retrospect, foolish complacency.

III. PANGLOSSIAN FINANCE

In the 1930s, financial markets, for obvious reasons, didn´t get much respect. Keynes compared them to "those newspaper competitions in which the competitors have to pick out the six prettiest faces from a hundred photographs, the prize being awarded to the competitor whose choice most nearly corresponds to the average preferences of the competitors as a whole; so that each competitor has to pick, not those faces which he himself finds prettiest, nor even those that he thinks likeliest to catch the fancy of the other competitors."

And Keynes considered it a very bad idea to let such markets, in which speculators spent their time chasing one another´s tails, dictate important business decisions: "When the capital development of a country becomes a by-product of the activities of a casino, the job is likely to be ill-done."

By 1970 or so, however, the study of financial markets seemed to have been taken over by Voltaire´s Dr. Pangloss, who insisted that we live in the best of all possible worlds. Discussion of investor irrationality, of bubbles, of destructive speculation had virtually disappeared from academic discourse. The field was dominated by the "efficient-market hypothesis," promulgated by Eugene Fama of the University of Chicago, which claims that financial markets price assets precisely at their intrinsic worth given all publicly available information. (The price of a company´s stock, for example, always accurately reflects the company´s value given the information available on the company´s earnings, its business prospects and so on.) And by the 1980s, finance economists, notably Michael Jensen of the Harvard Business School, were arguing that because financial markets always get prices right, the best thing corporate chieftains can do, not just for themselves but for the sake of the economy, is to maximize their stock prices. In other words, finance economists believed that we should put the capital development of the nation in the hands of what Keynes had called a "casino."

It´s hard to argue that this transformation in the profession was driven by events. True, the memory of 1929 was gradually receding, but there continued to be bull markets, with widespread tales of speculative excess, followed by bear markets. In 1973-4, for example, stocks lost 48 percent of their value. And the 1987 stock crash, in which the Dow plunged nearly 23 percent in a day for no clear reason, should have raised at least a few doubts about market rationality.

These events, however, which Keynes would have considered evidence of the unreliability of markets, did little to blunt the force of a beautiful idea. The theoretical model that finance economists developed by assuming that every investor rationally balances risk against reward - the so-called Capital Asset Pricing Model, or CAPM (pronounced cap-em) - is wonderfully elegant. And if you accept its premises it´s also extremely useful. CAPM not only tells you how to choose your portfolio - even more important from the financial industry´s point of view, it tells you how to put a price on financial derivatives, claims on claims. The elegance and apparent usefulness of the new theory led to a string of Nobel prizes for its creators, and many of the theory´s adepts also received more mundane rewards: Armed with their new models and formidable math skills - the more arcane uses of CAPM require physicist-level computations - mild-mannered business-school professors could and did become Wall Street rocket scientists, earning Wall Street paychecks.

To be fair, finance theorists didn´t accept the efficient-market hypothesis merely because it was elegant, convenient and lucrative. They also produced a great deal of statistical evidence, which at first seemed strongly supportive. But this evidence was of an oddly limited form. Finance economists rarely asked the seemingly obvious (though not easily answered) question of whether asset prices made sense given real-world fundamentals like earnings. Instead, they asked only whether asset prices made sense given other asset prices. Larry Summers, now the top economic adviser in the Obama administration, once mocked finance professors with a parable about "ketchup economists" who "have shown that two-quart bottles of ketchup invariably sell for exactly twice as much as one-quart bottles of ketchup," and conclude from this that the ketchup market is perfectly efficient.

But neither this mockery nor more polite critiques from economists like Robert Shiller of Yale had much effect. Finance theorists continued to believe that their models were essentially right, and so did many people making real-world decisions. Not least among these was Alan Greenspan, who was then the Fed chairman and a long-time supporter of financial deregulation whose rejection of calls to rein in subprime lending or address the ever-inflating housing bubble rested in large part on the belief that modern financial economics had everything under control. There was a telling moment in 2005, at a conference held to honor Greenspan´s tenure at the Fed. One brave attendee, Raghuram Rajan (of the University of Chicago, surprisingly), presented a paper warning that the financial system was taking on potentially dangerous levels of risk. He was mocked by almost all present - including, by the way, Larry Summers, who dismissed his warnings as "misguided."

By October of last year, however, Greenspan was admitting that he was in a state of "shocked disbelief," because "the whole intellectual edifice" had "collapsed." Since this collapse of the intellectual edifice was also a collapse of real-world markets, the result was a severe recession - the worst, by many measures, since the Great Depression. What should policy makers do? Unfortunately, macroeconomics, which should have been providing clear guidance about how to address the slumping economy, was in its own state of disarray.

IV. THE TROUBLE WITH MACRO

"We have involved ourselves in a colossal muddle, having blundered in the control of a delicate machine, the working of which we do not understand. The result is that our possibilities of wealth may run to waste for a time - perhaps for a long time." So wrote John Maynard Keynes in an essay titled "The Great Slump of 1930," in which he tried to explain the catastrophe then overtaking the world. And the world´s possibilities of wealth did indeed run to waste for a long time; it took World War II to bring the Great Depression to a definitive end.

Why was Keynes´s diagnosis of the Great Depression as a "colossal muddle" so compelling at first? And why did economics, circa 1975, divide into opposing camps over the value of Keynes´s views?

I like to explain the essence of Keynesian economics with a true story that also serves as a parable, a small-scale version of the messes that can afflict entire economies. Consider the travails of the Capitol Hill Baby-Sitting Co-op.

This co-op, whose problems were recounted in a 1977 article in The Journal of Money, Credit and Banking, was an association of about 150 young couples who agreed to help one another by baby-sitting for one another´s children when parents wanted a night out. To ensure that every couple did its fair share of baby-sitting, the co-op introduced a form of scrip: coupons made out of heavy pieces of paper, each entitling the bearer to one half-hour of sitting time. Initially, members received 20 coupons on joining and were required to return the same amount on departing the group.

Unfortunately, it turned out that the co-op´s members, on average, wanted to hold a reserve of more than 20 coupons, perhaps, in case they should want to go out several times in a row. As a result, relatively few people wanted to spend their scrip and go out, while many wanted to baby-sit so they could add to their hoard. But since baby-sitting opportunities arise only when someone goes out for the night, this meant that baby-sitting jobs were hard to find, which made members of the co-op even more reluctant to go out, making baby-sitting jobs even scarcer. . . .

In short, the co-op fell into a recession.

O.K., what do you think of this story? Don´t dismiss it as silly and trivial: economists have used small-scale examples to shed light on big questions ever since Adam Smith saw the roots of economic progress in a pin factory, and they´re right to do so. The question is whether this particular example, in which a recession is a problem of inadequate demand - there isn´t enough demand for baby-sitting to provide jobs for everyone who wants one - gets at the essence of what happens in a recession.

Forty years ago most economists would have agreed with this interpretation. But since then macroeconomics has divided into two great factions: "saltwater" economists (mainly in coastal U.S. universities), who have a more or less Keynesian vision of what recessions are all about; and "freshwater" economists (mainly at inland schools), who consider that vision nonsense.

Freshwater economists are, essentially, neoclassical purists. They believe that all worthwhile economic analysis starts from the premise that people are rational and markets work, a premise violated by the story of the baby-sitting co-op. As they see it, a general lack of sufficient demand isn´t possible, because prices always move to match supply with demand. If people want more baby-sitting coupons, the value of those coupons will rise, so that they´re worth, say, 40 minutes of baby-sitting rather than half an hour - or, equivalently, the cost of an hours´ baby-sitting would fall from 2 coupons to 1.5. And that would solve the problem: the purchasing power of the coupons in circulation would have risen, so that people would feel no need to hoard more, and there would be no recession.

But don´t recessions look like periods in which there just isn´t enough demand to employ everyone willing to work? Appearances can be deceiving, say the freshwater theorists. Sound economics, in their view, says that overall failures of demand can´t happen - and that means that they don´t. Keynesian economics has been "proved false," Cochrane, of the University of Chicago, says.

Yet recessions do happen. Why? In the 1970s the leading freshwater macroeconomist, the Nobel laureate Robert Lucas, argued that recessions were caused by temporary confusion: workers and companies had trouble distinguishing overall changes in the level of prices because of inflation or deflation from changes in their own particular business situation. And Lucas warned that any attempt to fight the business cycle would be counterproductive: activist policies, he argued, would just add to the confusion.

By the 1980s, however, even this severely limited acceptance of the idea that recessions are bad things had been rejected by many freshwater economists. Instead, the new leaders of the movement, especially Edward Prescott, who was then at the University of Minnesota (you can see where the freshwater moniker comes from), argued that price fluctuations and changes in demand actually had nothing to do with the business cycle. Rather, the business cycle reflects fluctuations in the rate of technological progress, which are amplified by the rational response of workers, who voluntarily work more when the environment is favorable and less when it´s unfavorable. Unemployment is a deliberate decision by workers to take time off.

Put baldly like that, this theory sounds foolish - was the Great Depression really the Great Vacation? And to be honest, I think it really is silly. But the basic premise of Prescott´s "real business cycle" theory was embedded in ingeniously constructed mathematical models, which were mapped onto real data using sophisticated statistical techniques, and the theory came to dominate the teaching of macroeconomics in many university departments. In 2004, reflecting the theory´s influence, Prescott shared a Nobel with Finn Kydland of Carnegie Mellon University.

Meanwhile, saltwater economists balked. Where the freshwater economists were purists, saltwater economists were pragmatists. While economists like N. Gregory Mankiwat Harvard, Olivier Blanchard at M.I.T. and David Romer at the University of California, Berkeley, acknowledged that it was hard to reconcile a Keynesian demand-side view of recessions with neoclassical theory, they found the evidence that recessions are, in fact, demand-driven too compelling to reject. So they were willing to deviate from the assumption of perfect markets or perfect rationality, or both, adding enough imperfections to accommodate a more or less Keynesian view of recessions. And in the saltwater view, active policy to fight recessions remained desirable.

But the self-described New Keynesian economists weren´t immune to the charms of rational individuals and perfect markets. They tried to keep their deviations from neoclassical orthodoxy as limited as possible. This meant that there was no room in the prevailing models for such things as bubbles and banking-system collapse. The fact that such things continued to happen in the real world - there was a terrible financial and macroeconomic crisis in much of Asia in 1997-8 and a depression-level slump in Argentina in 2002 - wasn´t reflected in the mainstream of New Keynesian thinking.

Even so, you might have thought that the differing worldviews of freshwater and saltwater economists would have put them constantly at loggerheads over economic policy. Somewhat surprisingly, however, between around 1985 and 2007 the disputes between freshwater and saltwater economists were mainly about theory, not action. The reason, I believe, is that New Keynesians, unlike the original Keynesians, didn´t think fiscal policy - changes in government spending or taxes - was needed to fight recessions. They believed that monetary policy, administered by the technocrats at the Fed, could provide whatever remedies the economy needed. At a 90th birthday celebration for Milton Friedman, Ben Bernanke, formerly a more or less New Keynesian professor at Princeton, and by then a member of the Fed´s governing board, declared of the Great Depression: "You´re right. We did it. We´re very sorry. But thanks to you, it won´t happen again." The clear message was that all you need to avoid depressions is a smarter Fed.

And as long as macroeconomic policy was left in the hands of the maestro Greenspan, without Keynesian-type stimulus programs, freshwater economists found little to complain about. (They didn´t believe that monetary policy did any good, but they didn´t believe it did any harm, either.)

It would take a crisis to reveal both how little common ground there was and how Panglossian even New Keynesian economics had become.

V. NOBODY COULD HAVE PREDICTED . . .

In recent, rueful economics discussions, an all-purpose punch line has become "nobody could have predicted. . . ." It´s what you say with regard to disasters that could have been predicted, should have been predicted and actually were predicted by a few economists who were scoffed at for their pains.

Take, for example, the precipitous rise and fall of housing prices. Some economists, notably Robert Shiller, did identify the bubble and warn of painful consequences if it were to burst. Yet key policy makers failed to see the obvious. In 2004, Alan Greenspan dismissed talk of a housing bubble: "a national severe price distortion," he declared, was "most unlikely." Home-price increases, Ben Bernanke said in 2005, "largely reflect strong economic fundamentals.

"How did they miss the bubble? To be fair, interest rates were unusually low, possibly explaining part of the price rise. It may be that Greenspan and Bernanke also wanted to celebrate the Fed´s success in pulling the economy out of the 2001 recession; conceding that much of that success rested on the creation of a monstrous bubble would have placed a damper on the festivities.

But there was something else going on: a general belief that bubbles just don´t happen. What´s striking, when you reread Greenspan´s assurances, is that they weren´t based on evidence - they were based on the a priori assertion that there simply can´t be a bubble in housing. And the finance theorists were even more adamant on this point. In a 2007 interview, Eugene Fama, the father of the efficient-market hypothesis, declared that "the word `bubble´ drives me nuts," and went on to explain why we can trust the housing market: "Housing markets are less liquid, but people are very careful when they buy houses. It´s typically the biggest investment they´re going to make, so they look around very carefully and they compare prices. The bidding process is very detailed."

Indeed, home buyers generally do carefully compare prices - that is, they compare the price of their potential purchase with the prices of other houses. But this says nothing about whether the overall price of houses is justified. It´s ketchup economics, again: because a two-quart bottle of ketchup costs twice as much as a one-quart bottle, finance theorists declare that the price of ketchup must be right.

In short, the belief in efficient financial markets blinded many if not most economists to the emergence of the biggest financial bubble in history. And efficient-market theory also played a significant role in inflating that bubble in the first place.

Now that the undiagnosed bubble has burst, the true riskiness of supposedly safe assets has been revealed and the financial system has demonstrated its fragility. U.S. households have seen $13 trillion in wealth evaporate. More than six million jobs have been lost, and the unemployment rate appears headed for its highest level since 1940. So what guidance does modern economics have to offer in our current predicament?

And should we trust it?

VI. THE STIMULUS SQUABBLE

Between 1985 and 2007 a false peace settled over the field of macroeconomics. There hadn´t been any real convergence of views between the saltwater and freshwater factions. But these were the years of the Great Moderation - an extended period during which inflation was subdued and recessions were relatively mild. Saltwater economists believed that the Federal Reserve had everything under control. Fresh water economists didn´t think the Fed´s actions were actually beneficial, but they were willing to let matters lie.

But the crisis ended the phony peace. Suddenly the narrow, technocratic policies both sides were willing to accept were no longer sufficient - and the need for a broader policy response brought the old conflicts out into the open, fiercer than ever.

Why weren´t those narrow, technocratic policies sufficient? The answer, in a word, is zero.

During a normal recession, the Fed responds by buying Treasury bills - short-term government debt - from banks. This drives interest rates on government debt down; investors seeking a higher rate of return move into other assets, driving other interest rates down as well; and normally these lower interest rates eventually lead to an economic bounceback. The Fed dealt with the recession that began in 1990 by driving short-term interest rates from 9 percent down to 3 percent. It dealt with the recession that began in 2001 by driving rates from 6.5 percent to 1 percent. And it tried to deal with the current recession by driving rates down from 5.25 percent to zero.

But zero, it turned out, isn´t low enough to end this recession. And the Fed can´t push rates below zero, since at near-zero rates investors simply hoard cash rather than lending it out. So by late 2008, with interest rates basically at what macroeconomists call the "zero lower bound" even as the recession continued to deepen, conventional monetary policy had lost all traction.

Now what? This is the second time America has been up against the zero lower bound, the previous occasion being the Great Depression. And it was precisely the observation that there´s a lower bound to interest rates that led Keynes to advocate higher government spending: when monetary policy is ineffective and the private sector can´t be persuaded to spend more, the public sector must take its place in supporting the economy. Fiscal stimulus is the Keynesian answer to the kind of depression-type economic situation we´re currently in.

Such Keynesian thinking underlies the Obama administration´s economic policies - and the freshwater economists are furious. For 25 or so years they tolerated the Fed´s efforts to manage the economy, but a full-blown Keynesian resurgence was something entirely different. Back in 1980, Lucas, of the University of Chicago, wrote that Keynesian economics was so ludicrous that "at research seminars, people don´t take Keynesian theorizing seriously anymore; the audience starts to whisper and giggle to one another." Admitting that Keynes was largely right, after all, would be too humiliating a comedown.

And so Chicago´s Cochrane, outraged at the idea that government spending could mitigate the latest recession, declared: "It´s not part of what anybody has taught graduate students since the 1960s. They [Keynesian ideas] are fairy tales that have been proved false. It is very comforting in times of stress to go back to the fairy tales we heard as children, but it doesn´t make them less false." (It´s a mark of how deep the division between saltwater and freshwater runs that Cochrane doesn´t believe that "anybody" teaches ideas that are, in fact, taught in places like Princeton, M.I.T. and Harvard.)

Meanwhile, saltwater economists, who had comforted themselves with the belief that the great divide in macroeconomics was narrowing, were shocked to realize that freshwater economists hadn´t been listening at all. Freshwater economists who inveighed against the stimulus didn´t sound like scholars who had weighed Keynesian arguments and found them wanting. Rather, they sounded like people who had no idea what Keynesian economics was about, who were resurrecting pre-1930 fallacies in the belief that they were saying something new and profound.

And it wasn´t just Keynes whose ideas seemed to have been forgotten. As Brad DeLong of the University of California, Berkeley, has pointed out in his laments about the Chicago school´s "intellectual collapse," the school´s current stance amounts to a wholesale rejection of Milton Friedman´s ideas, as well. Friedman believed that Fed policy rather than changes in government spending should be used to stabilize the economy, but he never asserted that an increase in government spending cannot, under any circumstances, increase employment. In fact, rereading Friedman´s 1970 summary of his ideas, "A Theoretical Framework for Monetary Analysis," what´s striking is how Keynesian it seems.

And Friedman certainly never bought into the idea that mass unemployment represents a voluntary reduction in work effort or the idea that recessions are actually good for the economy. Yet the current generation of freshwater economists has been making both arguments. Thus Chicago´s Casey Mulligan suggests that unemployment is so high because many workers are choosing not to take jobs: "Employees face financial incentives that encourage them not to work . . . decreased employment is explained more by reductions in the supply of labor (the willingness of people to work) and less by the demand for labor (the number of workers that employers need to hire)."

Mulligan has suggested, in particular, that workers are choosing to remain unemployed because that improves their odds of receiving mortgage relief. And Cochrane declares that high unemployment is actually good: "We should have a recession. People who spend their lives pounding nails in Nevada need something else to do."

Personally, I think this is crazy. Why should it take mass unemployment across the whole nation to get carpenters to move out of Nevada? Can anyone seriously claim that we´ve lost 6.7 million jobs because fewer Americans want to work? But it was inevitable that freshwater economists would find themselves trapped in this cul-de-sac: if you start from the assumption that people are perfectly rational and markets are perfectly efficient, you have to conclude that unemployment is voluntary and recessions are desirable.

Yet if the crisis has pushed freshwater economists into absurdity, it has also created a lot of soul-searching among saltwater economists. Their framework, unlike that of the Chicago School, both allows for the possibility of involuntary unemployment and considers it a bad thing. But the New Keynesian models that have come to dominate teaching and research assume that people are perfectly rational and financial markets are perfectly efficient. To get anything like the current slump into their models, New Keynesians are forced to introduce some kind of fudge factor that for reasons unspecified temporarily depresses private spending. (I´ve done exactly that in some of my own work.)

And if the analysis of where we are now rests on this fudge factor, how much confidence can we have in the models´ predictions about where we are going?

The state of macro, in short, is not good. So where does the profession go from here?

VII. FLAWS AND FRICTIONS

Economics, as a field, got in trouble because economists were seduced by the vision of a perfect, frictionless market system. If the profession is to redeem itself, it will have to reconcile itself to a less alluring vision - that of a market economy that has many virtues but that is also shot through with flaws and frictions. The good news is that we don´t have to start from scratch. Even during the heyday of perfect-market economics, there was a lot of work done on the ways in which the real economy deviated from the theoretical ideal. What´s probably going to happen now - in fact, it´s already happening - is that flaws-and-frictions economics will move from the periphery of economic analysis to its center.

There´s already a fairly well developed example of the kind of economics I have in mind: the school of thought known as behavioral finance. Practitioners of this approach emphasize two things. First, many real-world investors bear little resemblance to the cool calculators of efficient-market theory: they´re all too subject to herd behavior, to bouts of irrational exuberance and unwarranted panic. Second, even those who try to base their decisions on cool calculation often find that they can´t, that problems of trust, credibility and limited collateral force them to run with the herd.

On the first point: even during the heyday of the efficient-market hypothesis, it seemed obvious that many real-world investors aren´t as rational as the prevailing models assumed. Larry Summers once began a paper on finance by declaring: "THERE ARE IDIOTS. Look around." But what kind of idiots (the preferred term in the academic literature, actually, is "noise traders") are we talking about?

Behavioral finance, drawing on the broader movement known as behavioral economics, tries to answer that question by relating the apparent irrationality of investors to known biases in human cognition, like the tendency to care more about small losses than small gains or the tendency to extrapolate too readily from small samples (e.g., assuming that because home prices rose in the past few years, they´ll keep on rising).

Until the crisis, efficient-market advocates like Eugene Fama dismissed the evidence produced on behalf of behavioral finance as a collection of "curiosity items" of no real importance. That´s a much harder position to maintain now that the collapse of a vast bubble - a bubble correctly diagnosed by behavioral economists like Robert Shiller of Yale, who related it to past episodes of "irrational exuberance" - has brought the world economy to its knees.

On the second point: suppose that there are, indeed, idiots. How much do they matter? Not much, argued Milton Friedman in an influential 1953 paper: smart investors will make money by buying when the idiots sell and selling when they buy and will stabilize markets in the process. But the second strand of behavioral finance says that Friedman was wrong, that financial markets are sometimes highly unstable, and right now that view seems hard to reject.

Probably the most influential paper in this vein was a 1997 publication by Andrei Shleifer of Harvard and Robert Vishny of Chicago, which amounted to a formalization of the old line that "the market can stay irrational longer than you can stay solvent." As they pointed out, arbitrageurs - the people who are supposed to buy low and sell high - need capital to do their jobs. And a severe plunge in asset prices, even if it makes no sense in terms of fundamentals, tends to deplete that capital. As a result, the smart money is forced out of the market, and prices may go into a downward spiral.

The spread of the current financial crisis seemed almost like an object lesson in the perils of financial instability. And the general ideas underlying models of financial instability have proved highly relevant to economic policy: a focus on the depleted capital of financial institutions helped guide policy actions taken after the fall of Lehman, and it looks (cross your fingers) as if these actions successfully headed off an even bigger financial collapse.

Meanwhile, what about macroeconomics? Recent events have pretty decisively refuted the idea that recessions are an optimal response to fluctuations in the rate of technological progress; a more or less Keynesian view is the only plausible game in town. Yet standard New Keynesian models left no room for a crisis like the one we´re having, because those models generally accepted the efficient-market view of the financial sector.

There were some exceptions. One line of work, pioneered by none other than Ben Bernanke working with Mark Gertler of New York University, emphasized the way the lack of sufficient collateral can hinder the ability of businesses to raise funds and pursue investment opportunities. A related line of work, largely established by my Princeton colleague Nobuhiro Kiyotaki and John Moore of the London School of Economics, argued that prices of assets such as real estate can suffer self-reinforcing plunges that in turn depress the economy as a whole. But until now the impact of dysfunctional finance hasn´t been at the core even of Keynesian economics. Clearly, that has to change.

VIII. RE-EMBRACING KEYNES

So here´s what I think economists have to do. First, they have to face up to the inconvenient reality that financial markets fall far short of perfection, that they are subject to extraordinary delusions and the madness of crowds. Second, they have to admit - and this will be very hard for the people who giggled and whispered over Keynes - that Keynesian economics remains the best framework we have for making sense of recessions and depressions. Third, they´ll have to do their best to incorporate the realities of finance into macroeconomics.

Many economists will find these changes deeply disturbing. It will be a long time, if ever, before the new, more realistic approaches to finance and macroeconomics offer the same kind of clarity, completeness and sheer beauty that characterizes the full neoclassical approach. To some economists that will be a reason to cling to neoclassicism, despite its utter failure to make sense of the greatest economic crisis in three generations. This seems, however, like a good time to recall the words of H. L. Mencken: "There is always an easy solution to every human problem - neat, plausible and wrong."

When it comes to the all-too-human problem of recessions and depressions, economists need to abandon the neat but wrong solution of assuming that everyone is rational and markets work perfectly. The vision that emerges as the profession rethinks its foundations may not be all that clear; it certainly won´t be neat; but we can hope that it will have the virtue of being at least partly right.

Paul Krugman is a Times Op-Ed columnist and winner of the 2008 Nobel Memorial Prize in Economic Science. His latest book is "The Return of Depression Economics and the Crisis of 2008."

miércoles, septiembre 02, 2009

Se incorpora Director General Adjunto a la Comisión Nacional Forestal

COMISIÓN NACIONAL FORESTAL
Unidad de Comunicación Social
Boletín B040-2009

Zapopan, Jalisco, 1 de septiembre de 2009.

Este día tomó posesión como nuevo Director General Adjunto de la Comisión Nacional Forestal Emilio Flores Domínguez, en sustitución de Carlos Rodríguez Combeller, quien se jubila del servicio público.

El Secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan Rafael Elvira Quesada, encabezó la presentación del funcionario ante los coordinadores de la CONAFOR, en las oficinas centrales de la institución, ubicadas en esta ciudad.

Emilio Flores Domínguez es licenciado en economía por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, y cuenta con dos maestrías, una en Administración y otra en Global MBA. Fue Diputado Federal por el Partido Acción Nacional en la LX legislatura, donde destacó por su participación en las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y de Hacienda y Crédito Público. Durante su desempeño como Diputado Federal presentó diferentes iniciativas a favor de la protección a la fauna silvestre, mantos acuíferos y bosques del país. Anteriormente fungió como delegado de Banobras en el estado de Chihuahua durante casi cuatro años

El artículo 26 del Decreto por el que se crea la Comisión Nacional Forestal establece que en caso de ausencia del Director General, el despacho y resolución de sus asuntos estarán a cargo de la Dirección General Adjunta

Nuevo proyecto sobre reducción de emisiones por deforestación y degradación en San Martín

Karina Pinasco / InfoAndina

Estimad@s colegas:

Un proyecto de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD) está siendo implementado en el departamento de San Martín dentro de la Concesión para la Conservación del Alto Huayabamba (CCAH) de la ONG AMPA (Amazónicos por la Amazonía). Con el desarrollo de este proyecto se busca dar sostenibilidad financiera a esta concesión para la conservación.

A la fecha, el proyecto REDD tiene un nivel de avance del 70% y se viene coordinando con otras organizaciones que trabajan el tema, organismos de cooperación y gobierno regional para definir un Modelo Regional de Deforestación que sirva como referente para futuras iniciativas de REDD a nivel local o nacional en cumplimiento del Plan Regional Forestal. Asimismo, se busca contribuir a la construcción de una metodología para el diseño de proyectos REDD a nivel nacional.

En base a este proyecto se busca realizar la réplica a corto y mediano plazo en las áreas de conservación de la cuenca del Huayabamba en las que AMPA trabaja y que colindan con la CCAH, que están constituidos por bosques montanos, haciendo una sumatoria de casi 350,000 ha de superficie.

Este proyecto que se inicó este año posee aproximadamente 143 mil ha. Su primera actividad fue elaborar una línea de base de deforestación dentro de la concesión y a nivel regional, valiéndose para ello de un sistema de monitoreo de deforestación y otras herramientas. Esto permitió también realizar un comparativo y establecer las probabilidades de deforestación.

Con toda la información recabada esta institución ha podido identificar las estrategias y actividades para reducir la deforestación y degradación. También ha identificado las actividades productivas sostenibles y los beneficios sociales y ambientales que traería un proyecto de esta naturaleza en la CCAH. Por último ha realizado una propuesta de la distribución de los beneficios, poniendo énfasis en los fines de conservación y de desarrollo local.

Conozca más sobre este proyecto REDD y otros temas ambientales en el boletín La voz de Yacu que se encuentra adjunto.



Atentamente
InfoAndina
infoandina@cgiar.org


DOCUMENTOS RELACIONADOS

Fuente: ONG Amazónicos por la Amazonía (AMPA)

Método participativo para el mapeo de fincas y recolección de información agrícola

Un método participativo para el mapeo de fincas y recolección de información agrícola aplicable a diferentes escalas espaciales

Autor(es): Smith, Julia K. ; Sarmiento, Lina ;Rodriguez, Mayanín ; Romero, Rafael ;
Información relevante para: Región Andina - Venezuela

Se diseñó y probó un método para el mapeo participativo de fincas y la recolección de información agrícola, en el cual los pobladores delimitan los linderos de sus fincas y realizan su sectorización interna directamente sobre imágenes remotas impresas en gran tamaño. La actividad se realiza durante talleres colectivos, con ayuda de facilitadores, lo cual permite atender simultáneamente a un alto número de participantes. Los mapas sectorizados obtenidos se utilizan como material de apoyo para la aplicación de una encuesta agrícola, quedando la información referida a superficies conocidas, lo cual permite estimar los rendimientos, el área cultivada por rubro, la carga animal y la superficie bajo riego, entre otras variables. La aplicación del método en dos comunidades de los Andes venezolanos generó mapas de calidad equivalente a los obtenidos por levantamiento de campo e información agrícola detallada y espacializada. Se recomienda su utilización por ser una alternativa eficiente, confiable y económica para generar cartografía digital de fincas, que podría ser utilizada para implementar un sistema de recolección de información agrícola a nivel tanto local como nacional.


DESCARGAR DOCUMENTO:
Un método participativo para el mapeo de fincas [1.5 MB - pdf]

OTROS DATOS:

  • Datos de edición: Interciencia, 2009, Caracas, Venezuela

martes, septiembre 01, 2009

Averting a perfect storm of shortages

BBC News Page last updated at 11:27 GMT, Monday, 24 August 2009 12:27 UK
By Stephen Mulvey

As the world's population grows, competition for food, water and energy will increase. Food prices will rise, more people will go hungry, and migrants will flee the worst-affected regions.
That's the simple idea at the heart of the warning from John Beddington, the UK government's chief scientific adviser, of a possible crisis in 2030.
Specifically, he points to research indicating that by 2030 "a whole series of events come together":
The world's population will rise from 6bn to 8bn (33%)

  • Demand for food will increase by 50%
  • Demand for water will increase by 30%
  • Demand for energy will increase by 50%

population

He foresees each problem combining to create a "perfect storm" in which the whole is bigger, and more serious, than the sum of its parts.
Population growth threatens food, water and energy shortages "Can we cope with the demands in the future on water? Can we provide enough energy? Can we do it, all that, while mitigating and adapting to climate change? And can we do all that in 21 years' time?" he asked the SDUK 09 conference in London, in March.
Some of the problems reinforce each other, in obvious ways. For example, intensive agriculture swallows up large amounts of water and energy.
But Professor Beddington also points to other complicating factors and worrying possibilities.

CLIMATE CHANGE

There is a risk that climate change will have drastic effects on food production - for example by killing off the coral reefs (which about 1bn people depend on as a source of protein) or by either weakening or strengthening monsoon rains.
Also, some scientists are predicting that the Arctic will be ice-free by 2030, he points out, which could accelerate global warming by reducing the amount of the sun's energy that is reflected back out of the atmosphere.

URBANISATION
Not only is the world's population predicted to grow (until the middle of the century, at least) but more people are moving to live in cities, Professor Beddington points out. The growth of cities will accelerate the depletion of water resources, which in turn may drive more country dwellers to leave the land.

INCREASING PROSPERITY
As people become wealthier in some parts of the world, such as China and India, their diets are changing. They are consuming more meat and dairy products, which take more energy to produce than traditional vegetable diets. Like city dwellers, prosperous people also use more energy to maintain their lifestyle.

BIOFUELS
The more land is devoted to growing biofuels, in response to climate change, the less can be used for growing food.

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Source information: Energy data graphic derived from World Energy Outlook © OECD/IEA, 2008, figure 2.2, p. 81 and modified by BBC News.
Professor Beddington says he is optimistic that scientists can come up with solutions to the problems and that he is encouraged by signs that politicians are listening more to scientific advice.
But he adds: "We need investment in science and technology, and all the other ways of treating very seriously these major problems. 2030 is not very far away."


Here three experts give their view of Professor Beddington's warning.


PROFESSOR DAVID PINK, WARWICK UNIVERSITY

"It's definitely one scenario, though it's the worst possible scenario. In general terms, he is right. All these things are coming together. There is some argument over population growth but the bottom line is that it's going up and food supply is going to be more of a problem. The developing world is growing, and its people are getting richer. There will be more demand for foods we have automatically assumed we will have access to. We are not going to be able to buy in everything we need and the price of food will go up. John Beddington is making the argument that we need to do something now and the best way to make that argument is to give the worst-case scenario. It is going to become a problem feeding the world, the question is how big a problem."


PROFESSOR JULES PRETTY, ESSEX UNIVERSITY

"The general premise, that we have a number of critical drivers coming together, is correct. The date 2030 is rhetorical. We don't know whether things will become critical in 2027 or 2047, no-one has any idea, but within the next generation these things are going to come to pass unless we start doing things differently. That is the urgency of this set of ideas. When governments talk about reducing emissions by X% by 2050, I despair. We need to do it by next week. Humankind has not faced this set of combined challenges ever before."


ANTONY FROGGATT, SENIOR RESEARCH FELLOW, CHATHAM HOUSE

"It's true that all these things, and more, are interconnected. I study the connection between climate change and security of energy supply. For example, if you switch from coal to gas to slow the pace of climate change, the energy supply crunch comes more quickly. John Beddington is right to underline the dependence of agriculture on energy - I've heard it said that one in four people in the world is fed on fossil fuel, because gas is fundamental to the production of fertilisers. Climate change also has implications for power stations - nuclear power stations that are cooled by rivers and hydroelectric dams. And whereas changes in Europe could be incremental, in Asia it's potentially more abrupt. Whole regions are dependent on cycles of glacial melts and monsoons and if these start to shift there will be trouble."

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