martes, mayo 12, 2009

Biopolítica del virus

REFORMA Sábado 9 May. 2009

José Luis Lezama

Conforme el virus A H1N1 se disemina, más se aprende de sus características, de sus vínculos con la economía y la política y de lo que las instituciones nacionales e internacionales hicieron o dejaron de hacer desde sus primeras manifestaciones. Se sabe ya que su destructividad no es tan grande, si se diagnostica y se atiende a tiempo. El doctor S. Dowell del CDC señaló que la influenza estacional produce 36 mil muertes en ese país (The NYT, 2/V/2009), en tanto que el actual virus ha causado sólo dos. Julio Frenk, director de la Escuela de Salud Pública de Harvard, sostuvo que en México mueren de influenza 10 mil personas anuales (The NYT, 1/V/2009). No obstante el pánico mundial ha crecido a una velocidad sin precedente. Ello se debe a que conformamos una comunidad global, a la rapidez de las comunicaciones y a los avances científicos y tecnológicos que brindan mayor precisión para detectar los virus y otros gérmenes, perseguirlos, analizarlos y eventualmente combatirlos.

Lo único cierto actualmente son las hipótesis. Una sostiene que el paso del virus de los cerdos a los humanos ocurrió a principios de año en La Gloria, Perote, Veracruz, donde más de la mitad de la población enfermó de influenza en marzo pasado. F. Lawrence (The Guardian, 2/V/2009) citando al jefe de Virología del CDC afirma que el virus proviene de los grandes y densos criaderos de puercos de Carolina del Norte y fue identificado en los años noventa. Seis de los ocho segmentos genéticos del A H1N1 tendrían su origen en una de estas hacinadas granjas entre cuyos cerdos se registró, en 1998, un gran brote de influenza porcina. Allí tendría lugar la mutación que dio origen a la nueva cepa, integrada con segmentos genéticos de virus de la influenza española de 1918, de aves y de cerdos, es decir, el actual A H1N1. La New England Journal of Medicine (7/V/09) reporta la presencia de este virus en cerdos desde fines de los noventa en Estados Unidos.

Reforzando lo anterior, otra hipótesis culpa a la forma masiva, artificial y antihigiénica que ha tomado la producción mundial de alimentos. Los métodos modernos de crianza cambian las dietas de los animales, recurren a hormonas, antibióticos y otras sustancias, así como a la ingeniería genética para aumentar la productividad. El hacinamiento en el que se reproducen los animales, el estrés, la sobrealimentación y el abuso de medicamentos destruyen sus sistemas inmunológicos, generan y diseminan enfermedades. El caso de la compañía americana Smithfield Foods, cuya filial Granjas Carroll en La Gloria cría un millón de cerdos al año, ilustra con toda claridad esta situación. Smithfield Foods ha sido severamente sancionada por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos por contaminación y por la destrucción de sus registros y falsificación de documentos en materia ambiental (The Guardian, 2/V/2009).

Los vínculos del virus con la economía los vemos en las protestas de los productores de carne de cerdo que influyeron para renombrar como A H1N1 al virus de la influenza porcina. Se aprecian también en la presión de las aerolíneas internacionales para evitar el cierre total del tráfico aéreo con México, en la negativa del gobierno de Estados Unidos para cerrar la frontera con México por donde transita una parte sustancial del comercio mundial y en la prohibición del gobierno chino para importar carne de cerdo de sus competidores mexicanos. En lo político los partidos mexicanos hicieron proselitismo con la epidemia. La oposición primero criticó al gobierno por su respuesta tardía y después por sobredimensionarla. El presidente Calderón aprovechó para decirle al mundo que sus medidas no sólo salvarán a los mexicanos sino también a la humanidad.

El secretario de Salud del Reino Unido es partidario de propiciar, más que de evitar, el contagio para crear inmunidad (The Guardian, 7/V/2009). Lo cual para el doctor R. Besser del CDC es altamente riesgoso y no recomendable (The NYT, 8/V/2009). No es lo mismo vivir con el A H1N1 en México que en el mundo desarrollado. Francia tiene hoy día reservas de antivirales para ser distribuidas inmediatamente al 52 por ciento de su población, el Reino Unido para el 50 por ciento, Japón para el 45 por ciento, Estados Unidos para el 25 por ciento, Canadá para el 17 por ciento y México para el 1 por ciento. Imaginemos un escenario en México donde se propiciara un mayor contagio para crear anticuerpos y estar mejor preparados para cuando el virus regrese a fin de año más fortalecido. Qué pasaría con los millones de mexicanos que viven en extrema pobreza, desnutridos y con un sistema de salud incapaz de diagnosticar la enfermedad, de atender con eficiencia a las víctimas y sin medicamentos disponibles. No hay suficientes evidencias para sostener que en México se sobredimensionó el problema. Sí para decir que el mayor número de muertes se debe a que somos social, institucional y médicamente más vulnerables.
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