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viernes, abril 08, 2011

Comunidades indígenas salvan a la caoba de la extinción

El Comercio, Perú, Viernes 01 de abril de 2011 - 08:00 pm

Comenzaron combatiendo la tala ilegal de caoba, la cual se encuentra extinta en la mayor parte de la Amazonía, sin embargo ahora exportan sus semillas a otras regiones. Los pueblos indígenas del Púrus, ubicados en la selva peruana, han logrado lo que parecía imposible: hacer que esta madera sobreviva a los embates de la tala ilegal, según indica un artículo publicado en la página web de WWF Perú.

Tras años de conservación y manejo de este tipo de madera, finalmente los pobladores de las zonas cercanas al río Purús, recogen lo que con tanto trabajo sembraron. Ahora pueden vender las semillas silvestres de caoba a otras regiones del Perú. “Ojalá pronto (las vendieran) a toda la Amazonía”, señala Jorge Herrera, biólogo de la WWF, quién además ha sido testigo de cómo la región del río Púrus pasó de ser una tierra olvidada y a merced de taladores y cazadores a convertirse en un complejo de áreas protegidas.

FUENTE DE INGRESOS
De las cerca de 8 comunidades que se encuentran en la zona del Púrus, 3 de ellas han ido más allá (Laureano, Monterrey y Pozo San Martín). Estas han decidido manejar las semillas de caoba como una potencial fuente de ingresos. “Esta es la mejor prueba de que la conservación puede generar ingresos directos para las poblaciones locales”, afirma Herrera.

Solo en el 2010 se han cosechado 40 kilos de semillas de caoba, que con el aval del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) han podido ser comercializadas en la ciudad de Pucallpa.

Las semillas vendidas han generado ingresos cercanos a los US$ 5.000 para las tres comunidades. Además, estas también han sido vendidas a empresas reforestadoras con prácticas de responsabilidad social.

Para leer el informe completo ingrese aquí.

viernes, octubre 15, 2010

El Amazonas se nos muere

El río Amazonas, que era el más caudaloso del mundo, contenía una quinta parte del agua dulce del mundo (alrededor del 20%) está reducido a enormes playas de arena. La mayor parte del agua desapareció, el intenso verano amenaza con extinguir lo que queda del río y temen que pueda secarse.

Cada edición dominical de New York Times consume una cantidad de papel fabricada con 200 hectáreas de bosque". - Gabriel García Márquez.

Inverosímil: Es mas importante para los medios de información y la opinión pública, una noticia de farándula, que la alarmante información sobre el pulmón del mundo:” El Amazonas vive la peor sequía de los últimos cien años“.

No hubo revuelo, no hubo reunión urgente de los gobiernos de los países de la región, no hubo protestas masivas, no hubo manifestaciones de las O.N.G. Mejor dicho no mereció, ni un grito de auxilio.

El IDEAM lanzó una voz de alarma y advirtió que "el Amazonas pasó de 13 y 15 metros de profundidad a seis metros en sólo dos semanas en áreas donde tienen estaciones de control, un bajonazo nunca antes visto", según las autoridades ambientales colombianas.

El río Amazonas, que era el más caudaloso del mundo, contenía una quinta parte del agua dulce del mundo (alrededor del 20%) está reducido a enormes playas de arena. La mayor parte del agua desapareció, el intenso verano amenaza con extinguir lo que queda del río y temen que pueda secarse.

Ahora lo que tenemos son toneladas y toneladas de peces muertos, comunidades indígenas inmovilizadas, aisladas aguantando hambre porque ya no hay río, ni les llegan ni pueden sacar productos y no hay un puente aéreo para llevarles alimentos y medicinas.

Hace años, Greenpeace, viene denunciando la devastación de toda la región, especialmente en el sector Brasilero, en donde los buldózeres arrasan día y noche con la que antes era selva para convertirla en potreros. Mientras que en la zona peruana como no hay buldózeres le meten candela inmisericordemente a los bosques, para ganarle terreno rápidamente al tapete verde. Y en nuestro país el control es mínimo, esa es tierra de nadie y sólo un 30% es protegido especialmente por las comunidades indígenas que si tienen conciencia de lo que debe ser la protección de su territorio.

Duele, ver que a las nuevas generaciones nos estén dejando un planeta arrasado, moribundo y desolado. Nadie pone orden, nadie le pone un tataquieto a la voracidad capitalista, al consumismo, nadie tiene la autoridad para impedir que esto suceda. Sólo voces aisladas, de líderes indígenas y ONGS, protestan por todos estos factores que acaban con la selva, alteran el clima, acaban con el verde y contaminan el ambiente.

Y si se seca el Amazonas, pues estarán listas estas empresas ávidas de dinero, que es en lo único que piensan, para pavimentarlo y hacer hermosas autopistas y pistas alternas para aterrizaje de aviones que lleguen por la madera y las especies animales.

El líder del amazonas Magno Alejandro Pinto de la comunidad de los Tikunas, expreso que hace un llamado no sólo a los países de la cuenca sino a todo el mundo para que miren hacia esta región que se esta muriendo. Decenas de comunidades, miles de especies de fauna y flora están a punto de extinguirse. “Salvemos la amazonía”, es su voz de protesta.

El amazonas nuestro pulmón, el bosque tropical más extenso del mundo, esta inmerso en una imparable guerra que le declararon los humanos para destruirla.

Insisto y lo seguiré denunciando, que la selva se muere porque de los 6 millones de km² repartidos entre ocho países, Brasil, Perú Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa, más del 20 % ha sido destruido por la explotación industrial en los últimos 30 años, pero con las nuevas tecnologías, nuevas maquinarias y la mayor ambición económica se esta acelerando este proceso.

Y para colmo de males, el Brasil mayor depredador del Amazonas, aprobó una ley, impulsada por Lula y el Partido de los Trabajadores, de privatización del Amazonas, al que en un futuro cercano se podrá llamar "selva sin árboles y sin animales o "Amazonas S.A".

Desde el 2006 Greenpeace presentó el informe “Devorando la Amazonía”, el cual habla sobre la deforestación que se está produciendo en la selva amazónica para introducir cultivos de soja y cómo esa soja acaba siendo exportada para la alimentación de ganado que acaba sirviendo de alimento en cadenas de comida rápida y supermercados.

Antes de darle el ultimo adiós a los habitantes de la Amazonía aprovechemos para tomarles fotos y tengamos algunos animales en los zoológicos para tener la oportunidad de mostrárselos a nuestros descendientes tales como el jaguar, el puma, el tapir el venado, las tortugas, caimanes, babillas y serpientes, como la famosa anaconda, el guacamayo, el tucán, el águila arpía, o el Delfín rosado entre muchos otros.

Mejor dicho como van las cosas, compremos un acuario para salvar algunas de las variedades piscícolas de la región.

Lorena Rubiano Fajardo - Presidenta Comite Civico Togui, publicado en el diario El Nuevo Siglo

martes, febrero 02, 2010

BIODIVERSIDAD: La Amazonia no es eterna

Por Stephen Leahy

PARÍS, feb (Tierramérica / IPS) - La Amazonia "está muy cerca de un punto de inflexión" y, en caso de seguir la depredación, quedará reducida a un tercio del tamaño que tenía hace apenas 65 años, advirtió Thomas Lovejoy, uno de los más reconocidos biólogos tropicales del mundo .El cambio climático, la deforestación y los incendios son los vectores de este potencial apocalipsis amazónico, señaló

Lovejoy, es presidente de The Heinz Center, con sede en Washington, y principal asesor de la presidencia del Banco Mundial en materia de biodiversidad.

El científico formuló estas declaraciones en la conferencia "Ciencia y políticas de biodiversidad", organizada del 25 al 29 de enero en París por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En esa oportunidad se lanzó el Año Internacional de la Diversidad Biológica.

"El Banco Mundial dio a conocer un estudio que finalmente reúne los impactos del cambio climático, la deforestación y los incendios, en el cual se indica que el punto de inflexión para la Amazonia es de 20 por ciento de deforestación, un resultado de temer", alertó Lovejoy en conversación con Tierramérica.

El trabajo, titulado "Assessment of the Risk of Amazon Dieback" ("Evaluación del riesgo de muerte de la Amazonia") y divulgado el 22 de enero, utilizó los conocimientos de varias instituciones internacionales, entre ellas el japonés Instituto de Investigaciones Meteorológicas, la británica Universidad de Exeter, el alemán Instituto de Potsdam, el brasileño Centro de Previsión del Tiempo y Estudios Climáticos y la alemana Earth3000.

Los resultados fueron evaluados por un panel de científicos de renombre internacional.

Lovejoy, quien fue director del comité científico responsable de esta investigación, dijo que la Amazonia ya ha perdido entre 17 y 18 por ciento de sus árboles. Además, "tiene un destacable sistema hidrogeológico donde el bosque genera por lo menos la mitad de sus propias lluvias".

Esto significa, literalmente, que el bosque produce precipitaciones en su propia área, pero también en muchas otras, entre ellas en el occidental estado brasileño de Mato Grosso, e incluso el norte de Argentina, explicó.

Lo que el estudio muestra por primera vez es cómo se combina el recalentamiento planetario que va camino de alcanzar los dos grados, con la deforestación que llega a casi 20 por ciento del bosque original y los incendios forestales que hacen que el sistema hidrogeológico de la Amazonia comience a colapsar.

El sur y sudeste reciben mucha menos lluvia. Los bosques con menor humedad son más propensos a los incendios, que no sólo causan destrucción, sino que también secan más los árboles cercanos que quedan en pie. Todo esto reduce la capacidad de la selva de producir precipitaciones.

"El bosque termina convirtiéndose en un Cerrado (la sabana brasileña) luego de muchos incendios, miseria humana, pérdida de biodiversidad y emisión de carbono a la atmósfera", puntualizó Lovejoy.

La temperatura en la Tierra ya ha subido 0,8 grados respecto de la era preindustrial. En la 15 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, realizada en diciembre en Copenhague, prácticamente todos los países acordaron que el recalentamiento no puede superar los dos grados.

"Para la Amazonia en su totalidad, el bosque tropical remanente se reducirá a alrededor de tres cuartos de su área original para 2025 y sólo quedará un tercio para 2075, como consecuencia de la acción combinada del cambio climático, la deforestación y los incendios", concluye el informe.

"La buena noticia es que las áreas deforestadas pueden ser reforestadas y brindar un margen de seguridad", sostuvo con algo de optimismo Lovejoy.

Se estima que una sola hectárea de la Amazonia contiene unas 900 toneladas de vegetación, lo que incluye más de 750 tipos de árboles y otras 1.500 plantas, según la investigación.

Una sola laguna en Brasil puede sostener mayor variedad de peces que todos los ríos de Europa. Y en la cuenca amazónica se han identificado más de 2.000 especies, más que en todo el océano Atlántico.

La cordillera de los Andes y la selva amazónica albergan a más de la mitad de las especies de flora y fauna del mundo. Por ejemplo, allí vive uno de cada cinco pájaros del planeta.

Lamentablemente, antes de que termine este siglo se extinguirán muchas, tal vez la mayoría. Luego de millones de años de existencia, una gran cantidad de plantas, insectos, pájaros y otros animales no se verán más. La pérdida de hábitat y el cambio climático serán los principales motivos de su desaparición.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) estima que 30 por ciento de todas las especies se extinguirán para fines de este siglo, si el recalentamiento no se mantiene por debajo de dos grados.

Otros, como el entomólogo Edward. O. Wilson, profesor de la Universidad de Harvard, expusieron ante los participantes en la conferencia de la Unesco que las extinciones pueden llegar a 50 por ciento.

"Nuestro propósito este año es centrar la atención del mundo en la necesidad de frenar la destrucción de la biodiversidad", explicó el secretario ejecutivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Ahmed Djoghlaf, en la apertura de la conferencia en París.

Los países partes del Convenio acordaron en 1990 enlentecer el ritmo de pérdida de biodiversidad para 2010. Pero "no cumpliremos ese objetivo", aseguró Djoghlaf a Tierramérica.

Sin embargo, con las acciones vinculadas al Año Internacional de la Diversidad Biológica, Djoghlaf espera que la biodiversidad, es decir la naturaleza, concite gran interés y apoyo de los dirigentes políticos y del público en general.

Bajo el lema "La biodiversidad es vida. La biodiversidad es nuestra vida", los organizadores del foro de París lanzaron un plan educativo para explicar que plantas, animales, insectos, pájaros y bacterias conforman los ecosistemas mundiales que brindan a la humanidad alimentos, fibras, agua y aire limpios.

Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, 60 por ciento de los ecosistemas mundiales están degradados, por lo que "tenemos la obligación" de cambiar nuestro modo de vida, dijo Djoghlaf.

En octubre, los 193 países partes del Convenio establecerán nuevos objetivos de reducción de la pérdida de biodiversidad en la conferencia de Nagoya, Japón.

La razón de que no se alcanzaran las metas previstas para 2010 fue que los países no pudieran definir cómo las cumplirían, cuestionó Djoghlaf.

Tras haber aprendido de estos errores, el experto confía en que los países fijarán objetivos nacionales específicos, con planes exhaustivos para alcanzar las metas, lo cual luego redundará en un objetivo global para 2020.

"Tendremos estudios, informes e indicadores científicos que nos guíen, pero al final corresponderá a la dirigencia política establecer objetivos y políticas para que eso ocurra", opinó Djoghlaf.

* Este artículo fue publicado originalmente el 30 de enero por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

(FIN/2010)

sábado, noviembre 14, 2009

Trucks, Trains and Trees

By THOMAS L. FRIEDMAN
The New York Times, November 11, 2009

No matter how many times you hear them, there are some statistics that just bowl you over. The one that always stuns me is this: Imagine if you took all the cars, trucks, planes, trains and ships in the world and added up their exhaust every year. The amount of carbon dioxide, or CO2, all those cars, trucks, planes, trains and ships collectively emit into the atmosphere is actually less than the carbon emissions every year that result from the chopping down and clearing of tropical forests in places like Brazil, Indonesia and the Congo. We are now losing a tropical forest the size of New York State every year, and the carbon that releases into the atmosphere now accounts for roughly 17 percent of all global emissions contributing to climate change.

It is going to be a long time before we transform the world’s transportation fleet so it is emission-free. But right now — like tomorrow — we could eliminate 17 percent of all global emissions if we could halt the cutting and burning of tropical forests. But to do that requires putting in place a whole new system of economic development — one that makes it more profitable for the poorer, forest-rich nations to preserve and manage their trees rather than to chop them down to make furniture or plant soybeans.

Without a new system for economic development in the timber-rich tropics, you can kiss the rainforests goodbye. The old model of economic growth will devour them. The only Amazon your grandchildren will ever relate to is the one that ends in dot-com and sells books.

To better understand this issue, I’m visiting the Tapajós National Forest in the heart of the Brazilian Amazon on a trip organized by Conservation International and the Brazilian government. Flying in here by prop plane from Manaus, you can understand why the Amazon rainforest is considered one of the lungs of the world. Even from 20,000 feet, all you see in every direction is an unbroken expanse of rainforest treetops that, from the air, looks like a vast and endless carpet of broccoli.

Once on the ground, we drove from Santarém into Tapajós, where we met with the community cooperative that manages the eco-friendly businesses here that support the 8,000 local people living in this protected forest. What you learn when you visit with a tiny Brazilian community that actually lives in, and off, the forest is a simple but crucial truth: To save an ecosystem of nature, you need an ecosystem of markets and governance.

“You need a new model of economic development — one that is based on raising people’s standards of living by maintaining their natural capital, not just by converting that natural capital to ranching or industrial farming or logging,” said José María Silva, vice president for South America of Conservation International.

Right now people protecting the rainforest are paid a pittance — compared with those who strip it — even though we now know that the rainforest provides everything from keeping CO2 out of the atmosphere to maintaining the flow of freshwater into rivers.

The good news is that Brazil has put in place all the elements of a system to compensate its forest-dwellers for maintaining the forests. Brazil has already set aside 43 percent of the Amazon rainforest for conservation and for indigenous peoples. Another 19 percent of the Amazon, though, has already been deforested by farmers and ranchers.

So the big question is what will happen to the other 38 percent. The more we get the Brazilian system to work, the more of that 38 percent will be preserved and the less carbon reductions the whole world would have to make. But it takes money.

The residents of the Tapajós reserve are already organized into cooperatives that sell eco-tourism on rainforest trails, furniture and other wood products made from sustainable selective logging and a very attractive line of purses made from “ecological leather,” a k a, rainforest rubber. They also get government subsidies.

Sergio Pimentel, 48, explained to me that he used to farm about five acres of land for subsistence, but now is using only about one acre to support his family of six. The rest of the income comes through the co-op’s forest businesses. “We were born inside the forest,” he added. “So we know the importance of it being preserved, but we need better access to global markets for the products we make here. Can you help us with that?”

There are community co-ops like this all over the protected areas of the Amazon rainforest. But this system needs money — money to expand into more markets, money to maintain police monitoring and enforcement and money to improve the productivity of farming on already degraded lands so people won’t eat up more rainforest. That is why we need to make sure that whatever energy-climate bill comes out of the U.S. Congress, and whatever framework comes out of the Copenhagen conference next month, they include provisions for financing rainforest conservation systems like those in Brazil. The last 38 percent of the Amazon is still up for grabs. It is there for us to save. Your grandchildren will thank you.

sábado, julio 04, 2009

Peligra biodiversidad de selva brasileña por aplicación de nueva Ley de tierras

03 Julio 2009 - 7:23 pm

Presidente Lula ratificó ley a favor de invasores

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, ratificó la llamada Medida Provisoria 458 en beneficio de los grileiros, como se denomina a los ocupantes irregulares de estas tierras selváticas que se asentaron en territorios fiscales y no cuentan con títulos de propiedad. La decisión afecta a unas 67 millones de hectáreas de bosque en la amazonía brasileña y pone en peligro la biodiversidad de la zona porque las tierras “privatizadas” podrán ser explotadas para diversos cultivos y cría de ganado.

Del total de la selva brasileña, el 25 % ya está en manos privadas, y cerca del 28% lo constituyen reservas ambientales y tierras indígenas. Es decir, resta un 48 por ciento, y sobre ese porcentaje el gobierno brasileño estaría privatizando las 67 millones de hectáreas mencionadas, lo que pone en peligro la biodiversidad.

Tal como fue ratificada la ley por el Ejecutivo brasileño, una persona que llega a la Amazonía y reclama como propia una porción de tierra de hasta 400 hectáreas, podrá recibir un título sin que nadie verifique si realmente es ocupante de esa extensión.

Como se puede leer en la ley, tierras de hasta 100 hectáreas de superficie se darían sin cobro a los ocupantes, de 101 a 400 saldrían a la venta con un precio simbólico y de 401 a 1500 hectáreas serían vendidas a precio de mercado.Las de mayor extensión como las que irían de 1501 a 2500 hectáreas saldrían a subasta pública y las de más de 2500 hectáreas pasarían a manos del Estado las que podrían ser vendidas con autorización del Congreso.

Las tierras “privatizadas” podrán ser explotadas para diversos cultivos y cría de ganado. Pasados tres años, sus dueños podrán ponerlos a la venta.

Prestigiosos climatólogos piensan que la Amazonía sufrirá más sequías este siglo por efecto del cambio climático y por lo tanto será más vulnerable a los incendios, por eso se debe controlar la deforestación que hasta el momento promedia en un 1% anual de su superficie.

La Amazonía brasileña perdió entre febrero y abril de 2009, 197 Km2. de cobertura selvática, un área similar al territorio de una isla como Aruba.

Es 90,1% inferior a la devastada en el mismo período del año 2008 (1.992 Km2), según el estatal Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales, pero se aclaró que el área selvática destruida en el período puede ser muy superior a la anunciada debido a que la gran nubosidad en el trimestre afectó los cálculos realizados con imágenes de saté

miércoles, junio 17, 2009

¿Qué reclaman los indígenas del Perú?

martes 16 de junio de 2009

Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.info)

El trasfondo de la legítima reclamación de los indígenas del Perú radica en que sus vidas están en peligro desde que el gobierno de Alan García proyectó entregar extensos territorios de la Amazonía a la voracidad de numerosas corporaciones mineras, petroleras y gasíferas transnacionales. Pero esta oleada de concesiones en la selva virgen está ocurriendo, además, en todos los países que confluyen en la Amazonía occidental, según estudios científicos ocultados por la gran prensa internacional.

Los indígenas peruanos, a quienes la corresponsal peruana de CNN –Maria Elena Belaúnde– suele llamar "revoltosos", sólo desean sustraer sus tierras nativas –junto con la biodiversidad de la selva y del bosque autóctono– a la exploración y futura explotación minera, gasífera y petrolera, según una investigación de Rob Hunter, sometida a la consideración del Proyecto Censurado de la Universidad Sonoma State de California.

Desde hace un año se conocen los estudios investigados por Hunter, a partir de su divulgación en publicaciones como el diario The Guardian, de Londres, el web site Common Dreams, el periódico especializado en medio ambiente PLoS One y otros medios independientes de la gran prensa mundial. Hoy está en peligro inminente toda la Amazonía occidental, que alberga a la mayor biodiversidad y selva tropical que aún permanece intacta en todo el planeta. El peligro consiste en que pronto puede llegar a convertirse en un territorio cubierto de tuberías y plataformas petroleras. Una investigación publicada por el periódico PLoS One (1) sacó a la luz que por lo menos 35 compañías de petróleo y gas operan más de 180 "bloques", o áreas zonificadas para exploración y desarrollo insertas en el corazón de selva occidental de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, abarcando un territorio de más de 688.000 km2, tan extenso como el estado de Texas.

La Amazonía occidental también constituye el hogar de numerosos grupos étnicos, incluyendo a algunos de los últimos pueblos indígenas que prefieren vivir en aislamiento voluntario, sin ningún contacto con el mundo cruel del capitalismo salvaje. El territorio contiene una diversidad cultural y biológica tan extraordinaria que los científicos ambientales lo denominan “el pulmón del planeta”, pero por desgracia contiene grandes reservas de petróleo y gas.

Los elevados precios de los hidrocarburos y su demanda global cada vez mayor estimulan niveles sin precedentes de nuevas exploraciones destinadas a la futura extracción de petróleo y gas, amenazando con la devastación ambiental y cultural de la selva. Por ejemplo, de los 64 bloques que cubren el 72% de la Amazonía peruana –creados todos a partir de 2004–, por lo menos 16 fueron aprobados por el gobierno de Allan García en 2008. Y hasta 58 de estos 64 bloques corresponden a tierras cuyos dueños legítimos son los pueblos indígenas del Perú, mientras otras 17 áreas propuestas para que se exploren abarcan incluso reservas declaradas explícitamente como el hábitat natural y legítimo de grupos indígenas en aislamiento voluntario.

La "instigación del comunismo internacional", o del gobierno de Venezuela, que invoca y "denuncia" el presidente peruano Alan García no es más que la resistencia política indígena, una expresión de su rechazo a la depredación de las transnacionales. El peligro de perderlo todo ha conseguido que las etnias exhiban cada vez más organización y eficacia para sus reclamos en los ámbitos nacionales e internacionales. “Esta expansión de las exploraciones se desarrolla en detrimento de nuestra gente y de la Madre Tierra”, advirtió José Antúnez, líder del pueblo Ashaninka de Perú. (2)

Por más de tres años, investigadores de instituciones sin fines de lucro de EEUU, como "Save America's Forests" (Salvemos la Selva Americana) y "Land Is Life" (Tierra es Vida), junto con científicos de la Universidad de Duke, han elaborado un mapa de las actividades corporativas en busca de gas e hidrocarburos a través de la Amazonía occidental. El resultado ha sido una evaluación alarmante de las amenazas que se ciernen sobre la biodiversidad y la población indígena de la región. El trazado muestra en detalle los proyectos de extracción de petróleo y gas de 35 compañías transnacionales en las áreas del Amazonas más propicias para la vida de especies como mamíferos, pájaros y anfibios.

Los investigadores confeccionaron su mapa utilizando información suministradas por los propios gobiernos respecto a las tierras que durante los últimos cuatro años se han arrendado o concesionado para que las compañías energéticas busquen petróleo y gas amazónicos en Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia. Los mapas muestran que las regiones elegidas para proyectos de petróleo y gas en Perú y Ecuador ya abarcan a más de dos tercios de su Amazonía.

“Hemos estado siguiendo los desarrollos de petróleo y gas en el Amazonas desde 2004 y el cuadro está cambiando ante nuestros ojos”, dijo Matt Finer, de Salvemos la Selva Americana, un grupo conservacionista de EEUU. “Cuando ustedes observen dónde están localizados los bloques de petróleo y gas, verán que se ubican perfectamente encima de las áreas de mayor biodiversidad, casi como si lo hubiera exigido su diseño, y éste no es un zona cualquiera o una más entre la mayoría, sino precisamente el área de mayor biodiversidad de la tierra”. (2)

En algunas zonas ya se han descubierto reservas de petróleo y gas, pero en otras áreas, las compañías necesitarán eliminar primero el bosque para verificar sus especulaciones y luego, iniciar prospecciones que incluyen perforaciones de explosión sísmica como medio de prueba. Típicamente, las compañías dedican siete años a explorar una región antes de decidir si entrarán de lleno a explotar la producción.

“La mayor preocupación realmente surge si la exploración de la zona resulta acertada, porque entonces comenzará la fase de desarrollo, con movimientos de tierra, construcción de caminos, perforaciones e instalación de redes de tuberías”, dijo Finer. El artículo del periódico PLoS One, Finer y otros científicos de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, y voceros de Tierra es Vida, un grupo medio ambiental de Massachussets, llamaron a los gobiernos suramericanos a que repiensen cómo explotarán sus reservas energéticas en el Amazonas.

Los autores exigen, entretanto, que las compañías debieran someter a una consideración seria de las autoridades de cada país la evaluación del impacto ambiental y de las consecuencias para el medio ambiente de sus proyectos, a menudo decididos individualmente en vez de colectivamente. “No están observando el cuadro completo de lo que sucederá, ni tampoco verifican si, al mismo tiempo, existen otros proyectos similares por ejecutarse”, dijeron.

“Cada compañía podría estar creyendo individualmente que está siendo de manera relativamente responsable y custodiará bajo su control sus propias redes de carreteras, y así sucesivamente, pero ¿qué sucede cuando existen otros 15 proyectos alrededor?”, preguntó Finer. “De pronto, cuando se observe el cuadro completo, saltará a la vista una extensa red de caminos”, añadió, al parecer estimando posible que las transnacionales competidoras pudieran hacer sus propios acuerdos de explotación entre ellas mismas.

La construcción de extensas redes de carreteras hará previamente inaccesible la selva, con el riesgo de la tala de árboles y la caza ilegal, argumentaron vehementemente los autores de los estudios. Los investigadores urgieron a las compañías a adoptar una moratoria en la construcción de nueva carreteras y en su lugar, utilizar helicópteros para desplazar personal y maquinaria hasta los sitios de exploración, como ya lo han hecho en algunas locaciones. También llamaron a los gobiernos a adoptar una visión de conjunto sobre las consecuencias de nuevos proyectos lesivos para el medio ambiente, evaluándolos más bien como grupo de países que individualmente.

La investigación del equipo científico encontró que muchos proyectos de exploración y extracción se encuentran en tierras que son el hogar ancestral de etnias indígenas que no han sido consultadas, ni se las pedido ninguna opinión acerca de continuar, o no, tales proyectos. Por lo menos así ha ocurrido en 58 de las 64 regiones asignadas en Perú, donde numerosas comunidades viven en aislamiento voluntario, incluyendo 17 áreas en que se está infringiendo su actual estatus legal de reserva destinada exclusivamente al hábitat de grupos indígenas.

“La manera en que se está llevando a cabo el desarrollo del Amazonas occidental es una violación gruesa de los derechos de los pueblos indígenas de la región”, dijo Brain Keane, de la organización Tierra es Vida. “Los tratados internacionales de derechos humanos interamericanos que han ratificado las leyes de los países involucrados, reconoce el derecho de los pueblos indígenas a sus tierras y prohíben explícitamente que – sin su consentimiento previo– se otorguen concesiones de recursos naturales en los territorios en que tales pueblos viven en libertad”, añadió.

Los informes añaden que la comunidad internacional debería pagar a los pueblos indígenas del Amazonas si desean que abandonen su selva virgen. Ecuador ha dicho que no permitirá desarrollar sus grandes reservas de petróleo todavía intactas si no recibe una regalía o indemnización antes de fin de año, refiriéndose a 2008, una postura que los demás países todavía no toman en cuenta. Pero Ecuador es el primer país del mundo que incorporó a su nueva Constitución los derechos de la tierra, de los recursos naturales y de la biodiversidad.

Foto: Perú, Bagua - Control total de Estación 6 por la etnia Awajun. / Autor: Diógenes Ampam Wejin

Notas:
1) “Oil and Gas Projects in the Western Amazon: Threats to Wilderness, Biodiversity, and Indigenous Peoples” Matt Finer et al, PLoS One, 8/2008. http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0002932
2) Artículo de Ian Sample en The Guardian, del Reino Unido, publicado el 13 de agosto de 2008.
Ver también:
–“Oil And Gas Projects In Western Amazon Threaten Biodiversity And Indigenous Peoples” ScienceDaily, 8/14/08. http://www.sciencedaily.com/releases/2008/08/080812213814.htm
–“Amazon Rainforest Threatened By New Wave of Oil and Gas Exploration” Ian Sample, The Guardian/UK, 8/13/08. http://www.commondreams.org/archive/2008/08/13/10973/print/

viernes, marzo 06, 2009

Deforestación de Amazonía equivale a casi todo territorio de Venezuela

ABC, Paraguay, 6 de marzo de 2009

SEGUN PNUMA

La agricultura migratoria y la ganadería han generado una deforestación acumulada en la Amazonía de 857.666 kilómetros cuadrados hasta 2005, lo que equivale al 94 por ciento del territorio venezolano, reveló un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).


Solo en el período 2000-2005 se deforestaron 27.218 kilómetros cuadrados anuales, precisa el informe “Perspectivas del medio Ambiente en la Amazonía: Geo Amazonía”, elaborado por 150 expertos con el apoyo del PNUMA y la organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) y presentado este jueves en Lima.

Si la pérdida de bosques amazónicos excede el 30 por ciento de la cobertura vegetal disminuirían las lluvias y aumentarían las prácticas de quema de bosques para liberar vapor de agua, lo que además, generaría una mayor emisión de gases invernadero, advierte el estudio.

En ese sentido, los expertos afirman que si continúan las malas prácticas, el bosque húmedo amazónico podría estar deforestado en un 55 por ciento en 2030 y probablemente gran parte de la Amazonía se convertiría en una gran sabana antes de que concluya el siglo XXI.

El texto también señala que la pérdida de la biodiversidad se expresa en el aumento de las especies amenazadas, pero no se cuenta con información precisa sobre este asunto.

El volumen de agua de la cuenca amazónica representa alrededor del 20 por ciento del total del agua dulce en el mundo, pero “la disponibilidad de aguas superficiales en cada uno de los países que conforman la cuenca amazónica depende en gran medida del uso y manejo adecuado que se realiza en cada uno de ellos”, añade.

Asimismo las aguas superficiales de la región amazónica están siendo afectadas por los relaves mineros, los derrames de hidrocarburos, el uso de agroquímicos para la agricultura, los desechos sólidos de las ciudades y de la transformación de los cultivos de hoja de coca, alertaron los expertos en el informe.

“El cambio de uso del suelo amazónico debido al crecimiento de actividades económicas, la construcción de infraestructura y el establecimiento de asentamientos humanos ha generado una acelerada transformación del ecosistema amazónico”, indica el texto.

Los expertos alertan que la dinámica económico- productiva en la Amazonía como respuesta a la demanda de los mercados internacionales también genera un uso intensivo de los recursos naturales como la madera y otros productos no maderables (castaña) , hidrocarburos y minerales.

“El crecimiento poblacional, la expansión de actividades económicas y el desarrollo de la infraestructura han llevado a modificar significativamente el uso del suelo en la región, lo que está causando la fragmentación de los ecosistemas, deforestación y pérdida de la biodiversidad”, señala el reporte.

Cinco de los ocho países amazónicos (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana, Perú, Surinam y Venezuela) que comparten la región tiene más del 50 por ciento de su población amazónica asentada en áreas urbanas.

EFE

viernes, enero 09, 2009

El Gobierno de Ecuador dará incentivos económicos a los indígenas para que eviten la tala de la selva

Público 09-01-2009

El precio de conservar el Amazonas

Quien mejor conoce el terreno es aquel que ha vivido en él. En Ecuador van a aplicar esta máxima para la conservación de la selva amazónica, y el Gobierno ha lanzado el Programa Socio Bosque, que dará incentivos a las comunidades indígenas que eviten la deforestación y cuiden el bosque.

Con una superficie de 25,6 millones de hectáreas, casi la mitad del país (11 millones) está cubierto por masas forestales. Pero la tasa de deforestación es la más elevada de América Latina, con una pérdida de 200.000 hectáreas anuales. La mitad de la superficie forestal (54%) está en manos de las 11 comunidades indígenas diferentes que habitan Ecuador ; de ahí la importancia de trabajar con ellos en el mantenimiento del bosque. El programa se desarrollará en cinco millones de hectáreas en las que viven más de un millón de indígenas.

Uno de los problemas que presenta la gestión forestal es la tala ilegal, asociada a la corrupción. Paulina Baca, del Ministerio ecuatoriano del Medio Ambiente, explica que los controles forestales son todavía ineficientes y existen explotaciones forestales ilegales. Una de las vías para luchar contra estas explotaciones es un sistema de control descentralizado en el que se vigilen carreteras, se realicen auditorías de campo, se desarrolle un sistema informático y, a partir de ahí, se otorguen permisos de aprovechamiento legales.

Los controles forestales son todavía ineficientes y existen explotaciones forestales ilegales

Además, no todas las comunidades indígenas cuentan con títulos de propiedad de sus propios terrenos, por lo que un primer paso es determinar qué comunidades habitan en y del bosque. La mayor parte de las comunidades más pobres viven en zonas forestales , y debido precisamente a la falta de medios, se sobreexplotan los recursos naturales para vender a grandes corporaciones.

El Gobierno de Ecuador pretende con su programa el pago directo a campesinos e indígenas por la conservación del bosque , en función de unos rangos. Así, para las primeras 100 hectáreas se pagarán 30 euros por hectárea; entre 101 y 500 hectáreas se abonarán 20 euros; de 501 a 5.000 hectáreas se pagarán 10 euros; de 5.001 a 50.000 serán cinco euros; y de 50.001 en adelante, dos euros. Los precios disminuyen cuantas más hectáreas, para que los que tengan menos terrenos se beneficien en la misma proporción que los grandes terratenientes.

Ecuador pretende que las masas forestales que no se talen se consideren dentro del paquete del cambio climático como deforestación evitada y, por tanto, no emisora de CO2.

Madera certificada frente a corrupción

El 16% de la madera que se importa en España procede de países donde las talas ilegales e insostenibles son habituales , según WWF/Adena. Pero para que el comprador pueda tener la certeza de que su madera es de origen legal son necesarios certificados que garanticen que el proceso ha sido limpio y no se han ‘blanqueado' documentos. En la actualidad existen dos sellos de garantía: FSC y PEFC, que cuentan en total con 320 millones de hectáreas de superficie forestal certificada de más de un centenar de países.

Estos certificados de transparencia avalan que la madera procede de zonas gestionadas de forma adecuada, cuentan con un programa social para la zona de extracción, es ambientalmente sostenible, no son especies protegidas y es económicamente viable. En España existen más de 1,1 millones de hectáreas de superficie forestal certificada, lo que apenas representa al 7%. Los demandantes de productos derivados de la madera, como Aspapel, advierten de las carencias de materias primas certificadas para adquirir en el mercado.

http://www.publico.es/ciencias/medioambiente/188957/amazonas/madera