jueves, junio 03, 2010

¡Libertad a Mario Romero Tinoco!

La Jornada de Michoacán
jueves 3 de junio de 2010 Opinión

MARIO ENZÁSTIGA

La verdad, siempre pensé que mi tocayo, como me gusta decirle a Mario Manuel Romero Tinoco, ex presidente municipal de La Huacana, autoridad local de 2002-2009, que de todos los encarcelados por el michoacanazo, él seguramente sería el primero en obtener su libertad; lamentablemente no ha sido así. En cuanto al prestigio personal, académico y gubernamental, se ha hablado y escrito bastante; sin embargo, es insuficiente hasta que tenga la libertad a plenitud que por derecho y justicia tanto merece.

El domingo de la semana pasada amanecí con la mala noticia de que mi tocayo aún no puede obtener su libertad. Yo que soy un verdadero neófito en temas jurídicos, alcanzo a percibir y no dejo de sentirlo, que aunque por fortuna 19 personas han salido de la cárcel por medio de la figura de incidente de libertad por desvanecimiento de pruebas; es decir, bajo reserva de ley, no dejo de señalar que la justicia en México tiene muchas taras, muchos enredos, muchos vericuetos, mucha impunidad, muchas formas de manipularla, de comprarla, de violentarla y echar por los suelos el tan citado y necesario estado de derecho.

Dos amparos a favor del prestigiado biólogo y dos autos de formal prisión, ahora me dicen sus familiares y amigos que el asunto está en manos del juez tercero de Distrito de Morelia, en las manos de esta persona está la tranquilidad, la salud y la felicidad de Mario Romero y su familia. ¡No puede ser tanta la lentitud de la justicia en este país! Me resulta inaceptable el sólo pensar que mi tocayo siga pasando días y noches tras las rejas hasta no sé cuándo.

Recordé aún en la cama y sin despertar del todo, el acto tan emotivo que las esposas de los excarcelados y encarcelados por el michoacanazo organizaron en la plaza Benito Juárez de Morelia el pasado 26 de mayo, con motivo del primer aniversario de tan nefasta fecha.

Recordé mirar a aquellas mujeres vestidas de blanco, con los rostros compungidos y ojos llorosos, por el dolor que la injusticia federal le ha causado, arriba del templete frente a aquella solidaria muchedumbre, exigiendo con firmeza al gobierno federal justicia y reivindicación; reafirmando su compromiso colectivo e individual de seguir unidas en la lucha por obtener la libertad de todas las personas que por el michoacanazo aún siguen recluidos injustamente y eliminar en definitiva toda posibilidad jurídica de volver a estar en estos enredos.

Al observar aquel cuadro conmovedor y constatar una vez más el gran potencial de las mujeres luchando por la justicia, involuntariamente vino a mis recuerdos los finales años de los 70, cuando acompañamos la lucha de la siempre bien recordada compañera Rosario Ibarra de Piedra, en la búsqueda de su hijo Jesús y de las madres que con la misma pena y problemática decidieron conformar el Frente Nacional Contra la Represión; la experiencia de las locas de la Plaza de Mayo en Argentina en busca de los hijos desaparecidos por la dictadura militar y muchas otras experiencias que se han dado en estos terrenos de la injusticia humana.

Mi dominguera y mañanera molestia, igualmente me recordó la oportunidad que tuve en el mes de septiembre del año pasado visitar a mi tocayo en el Cefereso de Tepic, Nayarit, mirar tras aquel nefasto acrílico y alambrado espacio conocido como los locutorios, a quien visite en varias ocasiones siendo presidente municipal de La Huacana en ejercicio para acordar las acciones y trabajos de varios de sus interesantes programas y proyectos de desarrollo local y regional.

El encuentro no fue fácil, nudos en la garganta, sin saber bien a bien cómo empezar el diálogo, qué comentar y preguntar para no ser incómodo o parecer un verdadero idiota. Primera vez que en mi vida visito a alguien en la cárcel, por suerte. Ver en el preso al hombre fuerte y propositivo que con entusiasmo me compartió las dificultades de vivir en aquel infierno, de lo que tenía que hacer en coordinación con sus compañeros de celda para establecer los horarios del ejercicio físico que hay que hacer para no deteriorarse, bañarse, leer y otras necesarias actividades.

El gusto que me dio saber que estaba escribiendo un libro, de cómo trataba de aprovechar el tiempo haciendo un serio esfuerzo por sistematizar y escribir sus memorias y correrías como autoridad municipal; de las clases de solfeo que daba a algunos presos, de las ansias incontrolables porque llegaran los fines de semana y recibir a la señora Chela, su esposa, que tan valiente ha dado la lucha por la libertad de Mario, ver y abrazar a sus queridos hijos, de su confianza porque esta pesadilla pronto termine.

La visita a mi tocayo me confirmó su inocencia, en la que siempre he creído. Sé que en estas cuestiones, los credos no sirven de mucho; sin embargo, los que sí saben de leyes me afirman lo mismo: el próximo 8 de julio se cumplirá un año de la detención ilegal del mejor presidente municipal de La Huacana que yo recuerde. Ojalá y se haga justicia, al igual que con el resto de los afectados del mal recordado michoacanazo, vayan mis mejores deseos y solidaridad para mi tocayo Mario Romero Tinoco.