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sábado, marzo 26, 2011

Grameen vs. Bangladesh

Project Syndicate, Jagdish Bhagwati, 2011-03-24

HONG KONG – Se está hablando de la disputa que se desarrolla actualmente en Bangladesh entre la primer ministro Sheikh Hasina y Mohammed Yunus, el fundador del banco de microcréditos Grameen y Premio Nobel de la Paz, como una representación moderna de la famosa batalla entre los malvados Kauravas y los virtuosos Pandavas descrita en el Mahabharata, la gran epopeya india.

Se insinúa que una primer ministro vengativa está tratando de castigar al justo Yunus, el pionero del microfinanciamiento, porque amenazó con participar en la política. Incluso se compara la conducta de Sheikh Hasina con la de Vladimir Putin en su campaña contra el oligarca Mikhail Khodorkovsky.

Sin embargo, el caso Grameen es más complicado y su moraleja es lo contrario de lo que indica la bien dirigida campaña de relaciones públicas de Yunus.

En primer lugar, Sheikh Hasina no es una política común y corriente. Es hija del primer presidente de Bangladesh, Sheikh Mujibur Rahman, un líder carismático al que a menudo se describe como el Padre de la Nación, y al que el ejército asesinó en agosto de 1975.

Hasina llegó al poder en 2009 tras una victoria abrumadora en unas elecciones sin fraude. También es una de las pocas mujeres que han llegado al cargo no por herencia, sino por méritos propios, mucho después del asesinato de sus padres y algunos de sus hermanos. Sheikh Hasina se salvó de la masacre gracias a que estaba en Alemania en ese momento. Durante mucho tiempo trabajó pacientemente para regresar a la política de Bangladesh y llegar hasta la cima.

Además, Sheikh Hasina ha ganado poder político en las urnas en un país islámico, que no es poco para una mujer. La secretaria de Estado Hillary Clinton parece culpable de intervenir con arrogancia en los asuntos internos de un gobierno amistoso y democrático por poner a los Estados Unidos del lado de Yunus contra la primer ministro de Bangladesh –lo que va totalmente en contra del modus operandi que prefiere Barack Obama.

En segundo lugar, muchos de los que ahora desacreditan a Sheikh Hasina son culpables de exagerar los méritos de Yunus. Consideremos la frecuente cantaleta de que es el “pionero" del movimiento del microfinanciamiento. De hecho, la verdadera pionera del microfinanciamiento es una seguidora de Gandhi, Ela Bhatt, admirable mujer de Ahmedabad, India (donde estaba el ashram de Gandhi), que estableció la Asociación de Trabajadoras Independientes (SEWA por sus siglas en inglés) como banco en abril de 1974, dos años antes de que Yunus fundara su Proyecto del Banco Grameen en Jobra, Bangladesh.

Durante toda su existencia, la SEWA ha estado regulada por el Banco de la Reserva de la India, el banco central del país, se ha ajustado estrictamente a las leyes y no ha buscado ninguna exención. A diferencia del Banco Grameen, no ha recibido dinero extranjero (como la donación de 100 millones de dólares de Noruega, cuya administración condujo a las primeras acusaciones de malos manejos contra Yunus) y ha distribuido dividendos anuales de entre 9% y 12% desde su fundación. Se sospecha que Yunus ha ocultado las pérdidas de Grameen con enormes cantidades de dinero procedente del exterior, mientras que la SEWA ha demostrado que mujeres pobres, que trabajan por cuenta propia, pueden ser las propietarias de un órgano financiero y administrarlo de manera autosostenible sin dádivas externas.

En tercer lugar, a muchos bangladeshis celosos de la independencia que obtuvieron tras el genocidio que perpetró el ejército pakistaní en Pakistán oriental hace 40 años les molesta la enorme entrada de dinero extranjero, que ha convertido a Grameen y a Yunus prácticamente en rivales de un gobierno democráticamente electo, situación que ningún gobierno toleraría. En efecto, la intervención de Clinton en la disputa entre Yunus y Sheikh Hasina pone de manifiesto el peligro de la influencia extranjera en los asuntos internos de Bangladesh.

Por último está la cuestión misma del microfinanciamiento. El microcrédito ciertamente es un complemento útil de los instrumentos de política contra la pobreza que han demostrado su eficacia –y que tiene la ventaja adicional de ayudar a las mujeres. Pero el hecho es que las grandes reformas económicas de la India, que se pusieron en marcha realmente en 1991, han tenido un impacto mucho mayor en la pobreza y en los ingresos de varios grupos desfavorecidos, incluidas las mujeres. Esto ha quedado ampliamente documentado por estudios empíricos recientes que demuestran que las previas afirmaciones en contrario estaban equivocadas.

En contraste, Bangladesh no ha experimentado nada que se parezca a la aceleración del crecimiento económico de la India. Como Sheikh Hasina aparentemente ha podido percibir desde que asumió su cargo hace dos años, durante décadas las políticas que socavan el crecimiento han perjudicado a Bangladesh. Desafortunadamente, los políticos más influyentes, y por lo tanto las políticas del país, siguen empantanadas en la economía socialista que acaba con el crecimiento que aprendieron en Cambridge y la London School of Economics hace medio siglo.

La SEWA de Ela Bhatt se añade a los enormes beneficios para los pobres y desfavorecidos que el marco de política macroeconómica ha generado en la India. En contraste, el Banco Grameen de Yunus, en el mejor de los casos, pone un dedo macroeconómico en el dique lleno de fugas de las políticas macroeconómicas de Bangladesh, que en gran medida no se ha reformado. ¿Podemos esperar que el caso Grameen sea el preludio de la lucha por las reformas liberales que se necesitan para transformar la economía bangladeshí?

Jagdish Bhagwati es profesor de economía y derecho en la Universidad de Columbia y miembro asociado en cuestiones de economía internacional del Consejo de Relaciones Exteriores.

lunes, marzo 14, 2011

The Crisis of Microfinance

Project Syndicate, Shashi Tharoor

NEW DELHI – The recent ouster of the Nobel Prize-winning Bangladeshi economist Mohammed Yunus as Managing Director of the Grameen Bank, which blazed a trail for microfinance in developing countries, has thrown a spotlight on the crisis engulfing a business that was once seen as a harbinger of hope for millions.

Yunus’s tussle with the government of Bangladesh, which had tried to retire him on grounds of age (he is 70) before firing him from his own board, is entangled in his country’s complicated politics. But Bangladeshi President Hasina Wajed’s remark that Yunus had “spent years sucking the blood of the poor” echoes similar charges being made in neighboring India against companies and banks that sought to emulate Grameen.

Last November, Andhra Pradesh, one of India’s most populous states, cracked down heavily on private microfinance institutions (PMFIs), banning many of their activities and telling borrowers they did not need to repay their loans. State authorities said they were prompted to take decisive action by a spate of suicides by borrowers who were unable to pay their debts. Roughly 80 clients were reported to have taken their own lives last year – an alarming figure, though tiny relative to the 26.7 million active borrowers from PMFIs in India.

Andhra Pradesh officials charged that PMFIs, which had lent around 80 billion rupees (nearly $2 billion) in the state, levy “usurious” interest rates (24-30% per year) to sustain their promoters’ extravagant salaries and profits. In addition, too many borrowers had taken multiple loans from different sources and were unable to repay them. Aggressive agents were marketing the loans with no heed to borrowers’ capacity to repay. It was alleged, too, that coercion was being used to exact repayment, leaving victims with no way out but to end their own lives.

One institution that received unwelcome attention was SKS Microfinance, once a poster child for the PMFIs, which had done so well and grown so large that its initial public offering last year was oversubscribed 13-fold and raised $350 million. The salaries paid to its top executives – as a reward, essentially, for lending successfully to the poorest of the poor – were excoriated by leaders across India’s political spectrum. SKS’ Chairman, Vikram Akula, reportedly made $13 million by selling some of his shares last year. Is it moral, critics asked, to profit so much from providing services that alleviate poverty?

But the counter-argument is that professionally-run private microcredit is better than no credit at all – the situation most of the poor confront. State banks are supposed to lend generously to India’s rural poor, but their operations are mired in inefficiency and corruption. Loans often require bribes, and the banks’ procedures are bewildering to the unlettered. Traditional moneylenders are the only alternative, and they extort far more than 30% a year – often at the point of a knife, or worse.

The problems with microcredit raise a larger question: should the poor be served by modern financial institutions that raise their funds in capital markets, or must they rely exclusively on non-profit sources of support? The late Indian management guru C.K. Prahalad suggested in his bestselling book The Fortune at the Bottom of the Pyramid that businesses could make healthy profits by serving the poor – and so satisfy their shareholders while promoting social development.

Selling five-rupee sachets of shampoo to poor consumers is considered clever marketing, but lending 5,000 rupees to a starving peasant at high interest rates is viewed as exploitative. Both activities, after all, are financed by investors looking for returns on their capital and motivated more by profit than compassion. But one is clearly less socially acceptable than the other. A high salary earned by a cosmetics or soft-drink manufacturer attracts no attention; one paid to the CEO of a company that thrives on lending to the poor appears unseemly, if not immoral.

Yet PMFIs had succeeded by meeting a genuine need. Only 50 of India’s roughly 1,000 microfinance institutions are private (as opposed to NGOs), but the top four PMFIs account for 80% of the market. Many of them doubled their revenues in the 2009-2010 fiscal year, reaching more than 100 million borrowers, whereas rural co-operatives, which also make small loans, grew by 3%, to 45 million borrowers. State banks are farther behind.

PMFIs are lending in a market vitiated by a populist political culture. Whereas microcredit institutions’ business model depends on a very high repayment rate (often exceeding 98%), government-run banks and state-supported co-operatives tend eventually to write off their loans when elections come around, with state and national governments waiving poor farmers’ debts for political reasons. Private institutions obviously cannot afford to do that.

There are other complications. The village moneylender, though often a shark, at least belongs to the community and knows his clients. A PMFI, as a faceless institution, relies on good faith and peer pressure to recover its money. The moneylender is happy to lend for any purpose, including non-productive expenditures like weddings and dowries, whereas a PMFI, if it is to succeed, can finance only income-generating, economically sustainable activities. But PMFIs seeking to attract private-equity capital emphasized growth over sustainability, lent indiscriminately to people who couldn’t pay them back – and attracted public opprobrium in the process.

Indian regulators are sorting out the tangle of issues that have plunged India’s microfinance industry into crisis. Ironically, none of these problems seems to have befallen Bangladesh’s Grameen Bank, which survives largely on donor grants and sustainable repayments. Yunus’s ouster, it is suggested, has much more to do with his having once expressed political ambitions. But association with a suddenly tarnished industry cannot have helped.

Shashi Tharoor, a former Indian Minister of State for External Affairs and UN Under- Secretary General, is a member of India’s parliament and the author of several books, most recently Nehru: the Invention of India (in German).

miércoles, marzo 04, 2009

Fondos para microfinanciamiento por US$500 millones respaldan a quienes dan créditos a los pobres

Noticias del Banco Mundial

12 de febrero de 2009 — Devayanai solía trabajar en los campos del estado de Tamil Nadu, en el sur de la India. Esto sucedía antes de recibir un préstamo de 15.000 rupias (US$307) para comprar una vaca. En la actualidad, gana tanto dinero vendiendo leche como el que ganaba cuando era jornalera.

"Ahora puedo trabajar desde mi casa y estar con mis hijos".

Para millones de personas en todo el mundo, poder obtener un pequeño o incluso minúsculo préstamo significó una gran diferencia en su calidad de vida.

No obstante, algunas de las instituciones de microfinanciamiento que prestan dinero a gente de bajos ingresos con escasas o sin garantías se encuentran cada vez más presionadas.

El otrora cuantioso capital extranjero se agotó o se tornó demasiado caro debido a la crisis financiera que se extiende por el mundo.

En los próximos 18 meses, las instituciones de microfinanciamiento enfrentan una potencial brecha de refinanciamiento de por lo menos US$1.800 millones, poniendo en riesgo a casi 150 millones de clientes de las microfinancieras, la mayoría de ellos gente pobre, según la entidad dedicada al sector privado del Grupo Banco Mundial (IFC, por sus siglas en inglés).

Alemania y el Grupo Banco Mundial asignan fondos

La IFC y el Banco Alemán de Desarrollo (KfW) lanzaron, como respuesta, un nuevo fondo de microfinanciamiento el 5 de febrero, para ayudar a las instituciones que enfrentaban déficits financieros.

Se espera que el fondo de mejoramiento microfinanciero provea hasta US$500 millones a más de 100 instituciones en 40 países, dinero que se utilizará para ayudar a las instituciones a refinanciar préstamos y respaldar los créditos de unos 60 millones de prestatarios.

La IFC contribuirá con US$150 millones inicialmente y el KfW con US$130 millones, y están trabajando con otros socios y con el gobierno alemán para atraer fondos adicionales.

"Los micropréstamos están entre los instrumentos más eficaces del desarrollo", dijo Heidemarie Wieczorek-Zeul, ministra de Desarrollo de Alemania, durante el lanzamiento de los fondos de microfinanciamiento en Berlín.

"Las instituciones de microfinanciamiento están realizando un gran trabajo en todo el mundo. No podemos permitir que la crisis financiera y económica mundial amenace el trabajo de estas instituciones".

Las microfinanzas conservan la capacidad de recuperación

Comparadas con otras instituciones de financiamiento, las instituciones de microfinanciamiento demostraron su capacidad de recuperación en tiempos de crisis, ofreciendo el único acceso al financiamiento a millones de personas de bajos ingresos. Como consecuencia, sus clientes tienden a tomar muy en serio sus préstamos y resultan pagadores muy confiables.

La IFC dice que la industria del microfinanciamiento sigue funcionando bien, y que las instituciones de microfinanciamiento conservan un portfolio próspero. La IFC, uno de los mayores inversores mundiales en microfinanciamiento, tiene más de US$1.000 millones en inversiones asignadas a instituciones de microfinanciamiento y alcanzará los US$1.200 millones en el año fiscal 2009, un año antes de lo anticipado.

No obstante, la profundidad, la magnitud, y el alcance de la crisis actual imponen un riesgo, en particular para las instituciones que dependen del financiamiento por parte de bancos locales e internacionales. En particular sienten la sacudida las instituciones de Europa oriental, de Asia central, de América Latina y del Caribe.

La cartera en riesgo (porcentaje de prestatarios con pagos atrasados en 30 días sobre sus préstamos) para las 150 instituciones de mayor nivel subió del 1,2% que registraba antes de la crisis a entre el 2 y 3% en la actualidad.

Un estudio del CGAP revela el impacto de las crisis

La gente de bajos ingresos que padece los altos precios de los alimentos y del combustible estuvo además retirando sus ahorros e incluso luchando con el pago de los préstamos, dijo Elizabeth Littlefield, directora ejecutiva principal del CGAP, un grupo de donantes múltiples para el microfinanciamiento con sede en el Banco Mundial. Ella cita un estudio del CGAP de agosto de 2008 sobre instituciones de microfinanciamiento.

"Si bien las microfinancieras tienen todavía raíces profundas para resistir el impacto, éste se producirá tanto en las instituciones como en los clientes a los que sirven. Los efectos a mediano y largo plazo de la recesión mundial castigarán seguramente a los pobres", dijo Littlefield en noviembre en el blog del CGAP i .

El fondo es parte de un esfuerzo mayor

El fondo para microfinanciamiento es parte del esfuerzo multifacético del Grupo del Banco Mundial para proteger a los países en desarrollo de los peores efectos de la recesión.

Dichos esfuerzos incluyen fondos para recapitalización de bancos, facilitación del comercio e infraestructura.

El Presidente del Banco, Robert B. Zoellick, solicitó también un fondo contra la vulnerabilidad financiado por 0,7% de los paquetes de estímulo económico de los países desarrollados.

El fondo general aceleraría los recursos para los programas de seguridad social del Banco Mundial, de las Naciones Unidas y de los bancos de desarrollo regional y sentaría las bases para el desarrollo futuro.

El nuevo fondo para microfinanciamiento inyectará fondos vitales que aseguren que el microfinanciamiento continúe estimulando el crecimiento, genere empleo y reduzca la pobreza en los mercados emergentes.

"Es importante que la restricción del crédito no obstaculice a las pequeñas empresas ni a las instituciones de microfinanciamiento", dijo Zoellick. "Necesitamos, en cambio, hacer un esfuerzo especial para expandir el crédito en esas áreas".