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viernes, diciembre 03, 2010

Pueblos indígenas de Centroamérica:Náufragos del “desarrollo” y el cambio climático OFRANEH

ALAI, América Latina en Movimiento 2010-12-01

"El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes"
Eduardo Galeano
A partir del huracán Mitch, que azotó el istmo en 1998, salió a flote la erosión ambiental existente, la cual intensificó los efectos del mega huracán, así mismo causó más de 10.000 muertos, revelando las fisuras de un sistema económico fundamentado en la explotación inmisericorde de la naturaleza y los seres humanos.
La deforestación sistemática avalada por los estados y promovida por "empresarios" asociados a los regímenes feudales prevalecientes, han destruido prácticamente todos los ríos y sus cuencas hidrográficas, las que ahora se convierten en un gran negocio para las elites de poder al convertirlas en represas, algunas de ellas financiadas por los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MLD).
En la última década los pueblos indígenas de Centroamérica hemos comprendido que nos encontramos en la línea de fuego del cambio climático, siendo nuestras comunidades las que más han sufrido el impacto de huracanes y tormentas tropicales.
Desde la destrucción de Santa Rosa de Aguán - comunidad garífuna que estuvo a punto de desaparecer con el Mitch - pasando por la población Tzutujil sepultada por el deslave que causó el huracán Stan o el pueblo Miskito sacudidos por el Felix y el Ida, son algunos de los ejemplos de los efectos causados por las cíclicas temporadas de huracanes en el ámbito del Caribe.
Mientras tanto, la impasibilidad de las burocracias reinantes en este confín del planeta, han diluido las respuestas requeridas, ante la "Nueva Geografía Económica" impuesta por el imperio a través de las instituciones financieras internacionales; estrategia que determina la relocalización de comunidades y pueblos con fines de garantizar la explotación de recursos especialmente los energéticos y aparentemente apoyar la "conservación de la naturaleza"
La tardía presentación en nuestros países de las estrategias relacionadas con la mitigación y adaptación al cambio climático, demuestra la ausencia de compromiso por parte de las elites de poder reinantes ante la catástrofe anunciada que se avecina. La preocupación que los embarga actualmente es como lograr acceder al Fondo Verde que pinta Naciones Unidas como un espejismo en medio del desierto y los cuestionados REDD.
Los mecanismos de mercado con los cuales los países ricos pretenden frenar el cambio climático, no son más que instrumentos para efectuar falsos exorcismos a demonios instaurados por los mismos países ricos, tales como el saqueo sistemático de los bosques, cuyas maderas en la mayoría de los casos terminan siendo consumidas en el norte.
Los REDD, que son tan promovidos por el sistema económico imperante, se están convirtiendo en una de las mayores amenazas para los pueblos indígenas del planeta. En Centroamérica exigir el derecho a la consulta previa libre e informada, se convierte en un insulto a los estados nación, que se limitan a convocar a reuniones en hoteles de lujo con el afán de "socializar" sus macabras estrategias de expropiación, y dan por sentado que se ha efectuado la consulta.
En nombre del desarrollo se han cometido enormes crímenes ambientales que sin duda terminaremos pagando los más económicamente frágiles. La destrucción causada al medio ambiente en nombre de las políticas obsoletas del uso de los recursos, nos obliga a cuestionar los modelos insostenibles con que han sido saqueados nuestros territorios.
El aumento vertiginoso de la pobreza en este siglo en la mayoría de los países latinoamericanos, nos obliga a reflexionar sobre la grave crisis económica que sufre la inmensa mayoría de la población, mientras las elites de poder prosperan en la abundancia al mismo tiempo que defienden sus intereses a capa y espada.
Uno de los factores determinantes en el incremento de la pobreza, más allá de la rapiña neoliberal, son las dramáticas consecuencias del cambio climático y la incapacidad que han demostrado los estados en generar estrategias efectivas de mitigación y adaptación al cambio climático.
Para muchos el sueño del “desarrollo” se ha convertido en una cuasi religión dogmática que impide cuestionamientos y exige paciencia para obtener sus frutos. La destrucción ambiental causada en nombre del desarrollo y la exacerbada acumulación de capital por parte de las elites de poder, ha desembocado en una crisis de ingobernabilidad que conllevará en un futuro cercano a un incremento de las convulsiones sociales (1)
Los organismos financieros internacionales, aliados y promotores de la clase política empresarial que viene dominando a América Latina en los últimos años, de hecho han gestionado la destrucción del medio ambiente sin que la gran mayoría de la población usufructúe las riquezas generadas.
Al construir un atlas de riesgos en Centroamérica, coinciden los enclaves de pobreza con las zonas más vulnerables del istmo. La colección de ciudades -miseria se han convertido en focos de destrucción ambiental, caos urbanístico y artefactos sociales explosivos; mientras las cuencas hidrográficas - donde habita una buena parte de la población - están totalmente destruidas.
La destrucción forestal inducida por la ganadería extensiva y las empresas madereras, cambiaron en el último medio siglo la geografía del istmo. Mientras tanto los pueblos indígenas con nuestras formas de producción que durante décadas han sido señaladas como desfasadas, hoy en día como náufragos del desarrollo nos hemos convertidos en profetas de la sostenibilidad.
Ante la crisis del cambio climático se deben reconocer los crímenes de lesa naturaleza y crímenes de lesa humanidad, que han cometido los países del norte, sus instituciones financieras y sus gobiernos.
Por lo tanto los responsables de estos crímenes deben ser enjuiciados y reparar el daño ocasionado a nuestras comunidades.
Pero la reparación no debe ser entendida únicamente como resarcimiento económico, esta debe ser entendida como justicia climática, que nos permita salvar la madre tierra, por lo tanto deben detenerse los proyectos extractivos, los proyectos de explotación de los recursos, así mismo debe existir reconocimiento y respeto a nuestros derechos colectivos ancestrales, así como pleno resarcimiento de daños a los sectores mas vulnerables, como los pueblos indígenas, mujeres, desplazados ambientales, migrantes entre otros.
Nota
  1. Los impactos climáticos relacionados con la seguridad nacional en México y Centroamérica. ( ukinmexico.fco.gov.uk/resources/es/pdf/pdf1/rusi-report-spanish
La Ceiba, 1 de diciembre del 2010
Organización Fraternal Negra Hondureña, OFRANEH
La Ceiba, Atlántida,
Honduras


http://www.alainet.org/active/42713%26lang=es

martes, junio 01, 2010

Las comunidades indígenas de América Central utilizan sus tradiciones para proteger la biodiversidad

BID-Noticias 21-may-2010

Proyecto BID-FMAM promueve el uso cultural del suelo en el Corredor Biológico Mesoamericano

No hace mucho, José López Hernández, miembro de la comunidad indígena Oxlajuj No'j, utilizaba su hacha para cortar árboles en la ciudad de Santa María de Jesús en el corazón de Guatemala.

Sin embargo, esa práctica cambió después de que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), se embarcara en un proyecto para revivir las tradiciones y la cultura indígenas.

"Antes de este proyecto, no entendía la importancia de la madre naturaleza y el medio ambiente", dijo Hernández, de 30 años de edad. "Miraba un árbol cualquiera y podía cortarlo sin pensar".

Hoy Hernández es un líder de su comunidad indígena y está trabajando con otras 600 familias los fines de semana y después del trabajo para sembrar hasta 60.000 nuevos árboles para finales de año. Todos los árboles crecen mediante el uso de varios métodos orgánicos tradicionales que han vuelto a revivir gracias al proyecto.

El proyecto BID-FMAM, que se ha realizado en coordinación con el Banco Mundial, está fortaleciendo la capacidad de las comunidades indígenas de Centroamérica para proteger y gestionar sus recursos naturales y culturales, así como para propiciar la recuperación y promoción de los valores culturales positivos y el uso tradicional de la tierra.

"Voy a trabajar en esto hasta que Dios me lo permita", dijo Hernández. "La idea es dejar algo para nuestro hijos y nietos".

El proyecto forma parte de los esfuerzos de siete gobiernos de Centroamérica que se encuentran en marcha para ayudar a reducir la pobreza en las comunidades rurales, protegiendo y promoviendo el desarrollo sostenible del Corredor Biológico Mesoamericano. Los pueblos indígenas habitan cerca de un tercio de la superficie de los siete países centroamericanos, un área aproximadamente del tamaño de Uruguay. Ochenta por ciento de esta zona está cubierta por bosques y el 23 por ciento de ese territorio se superpone con áreas existentes actualmente protegidas.

El proyecto es innovador porque está apoyando el uso cultural y tradicional de las tierras de las comunidades indígenas como una forma de prevenir la degradación de las tierras y facilitar, al mismo tiempo, la conservación de los enormes recursos de biodiversidad de la región, y que se encuentran cada vez más en peligro de extinción. El programa utiliza una metodología especial desarrollada por el BID y la Escuela Técnica Superior de Lausana, Suiza, referida al análisis del uso cultural de la tierra.

"Esto es completamente diferente a lo que se solía hacer", dijo Carlos Perafan, líder del equipo del proyecto del BID. "En el pasado, los técnicos le decían a las comunidades lo que tenían que hacer. En este proyecto, en cambio, estamos aprendiendo de ellos".

Las medidas que se adoptarán estarán basadas en amplias consultas con las comunidades indígenas, que ayudarán a decidir cuándo y de qué manera sus propias tradiciones podrían resultar apropiadas para trabajar la tierra. Una vez que se adopte la decisión, el proyecto trabajará mancomunadamente con ellas para recuperar su cultura y tradiciones en relación al uso de la tierra.

"Este proyecto le ha permitido a las comunidades indígenas a organizarse, y a formular sus propias propuestas de trabajo en base a sus propias experiencias", dijo Carlos Batzin, miembro de una comunidad indígena quiché en el departamento de Totonicapán en Guatemala. "Se les ha permitido decidir por sí mismos lo que deben hacer con su propio territorio".

Una vez que estas comunidades decidan lo que es importante, algunos programas de capacitación especialmente diseñados les ayudarán a revivir sus tradiciones y aprender de nuevo sus viejas costumbres ancestrales vinculadas al cultivo de árboles y del maíz. Además, el proyecto se encuentra apoyando la creación de una red de comunidades indígenas en el Corredor dedicadas a la conservación de la diversidad biológica y el uso sostenible y culturalmente adecuado de la tierra.

El proyecto también promueve el intercambio de sus propios conocimientos tradicionales, experiencias y lecciones aprendidas entre las comunidades indígenas. El proyecto BID-FMAM supone también la promoción de la planificación participativa vinculada al uso de la tierra en las tierras indígenas y las regiones.

Para la comunidad quiché, esto significa tener un plan para lograr un futuro mejor. Después de trabajar estrechamente con el BID y la agencia ejecutora para demarcar sus tierras, aprender sobre sus recursos naturales existentes y las necesidades sociales y económicas de la población, hoy ya están planeando promover actividades de turismo sostenible en su territorio.

"El plan ha unido a nuestra comunidad", dijo Batzin, que está consiguiendo que su comunidad se prepare para iniciar el programa de capacitación en áreas como la replantación de árboles indígenas y la producción de diferentes tipos de semillas de maíz, utilizando para ello métodos semejantes usados por los antepasados de su pueblo. "Queremos promover el turismo cultural en nuestra comunidad. Guatemala es conocida por su naturaleza, pero se presta poca atención a los que ayudan a conservarla".

La promoción del uso cultural y tradicional de la tierra en Centroamérica es uno de los componentes del proyecto "Manejo Integrado de los Ecosistemas en las Comunidades Indígenas", que ha sido financiado por una donación de US$9 millones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial y US$2 millones adicionales en fondos de contrapartida. Tanto el BID como el Banco Mundial se encuentran implementando diferentes componentes del proyecto.

El BID, mediante el financiamiento de una donación de US$5 millones del FMAM, se propone impulsar el fortalecimiento cultural e institucional de las comunidades indígenas, así como la promoción del uso de la tierra y la gestión de ecosistemas tradicionales. El Banco Mundial, a través de una donación de US$4 millones del FMAM, está ayudando a estas comunidades a consolidar y a poner en el mercado el suministro regional de productos y servicios ambientales derivados de las prácticas tradicionales del uso de la tierra y evaluar el seguimiento de los resultados del proyecto.

La Asociación Coordinadora Indígena y Campesina de Agroforestería Comunitaria Centroamericana (ACICAFOC) está ejecutando el proyecto, de acuerdo con el consejo Indígena de Centro América (CICA).