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domingo, febrero 20, 2011

Un retorno ecológico al crecimiento europeo

Project Syndicate, Carlo Jaeger and Roland Kupers, 2011-02-18

LA HAYA - La mitigación del cambio climático se presenta a menudo como la imposición de un "toma y daca" entre la economía y el medio ambiente. Por demasiado tiempo el debate se ha enmarcado en el concepto de "reparto de la carga". Sin embargo, los nuevos análisis de un equipo formado por investigadores procedentes de seis importantes institutos y universidades europeas arroja nuevas luces sobre este debate, y demuestra que Europa puede tomar decisiones que van en su propio interés económico y ambiental.

El análisis que figura en nuestro nuevo informe, A New Growth Path for Europe – Generating Prosperity and Jobs in the Low-Carbon Economy (Una nueva senda de crecimiento para Europa - Generar prosperidad y empleo en la economía de bajas emisiones de carbono), se basa en una exhaustiva evaluación de las perspectivas de crecimiento en Europa tras la crisis financiera. Su publicación es oportuna, porque la Unión Europea decidirá este año si eleva su objetivo de reducción de gases de efecto invernadero.

El aumento del objetivo de emisiones actuales de -20% a -30% en 2020 respecto a 1990 representaría una importante oportunidad para revitalizar la economía europea, independientemente de lo que haya hecho el resto del mundo en términos de política climática. Aprovechar esa oportunidad aumentaría considerablemente el tamaño de la economía europea, en hasta en un 5% a lo largo de la próxima década. Esto se traduce en seis millones de nuevos empleos y un aumento del PIB de hasta 800 mil millones de euros para 2020.

La razón de estos resultados es sencilla: el aumento de los esfuerzos europeos en torno a políticas del clima eleva las inversiones, lo que induce el aprendizaje en la práctica, especialmente cuando estos esfuerzos se canalizan hacia nuevas tecnologías como la energía renovable y materiales avanzados de construcción. "Aprender haciendo", a su vez, aumenta la competitividad y estimula el crecimiento económico, mejorando así las expectativas de los inversores e estimulando una mayor inversión.

Desafortunadamente, los estudios del impacto económico de un objetivo del -30% se han basado en modelos de equilibrio tradicionales que pasan por alto estos efectos multiplicadores. Sus estimaciones de las consecuencias económicas de aumentar la cifra objetivo indican costes adicionales moderados que varían entre el 0 y el 2% del PIB en 2020.

El nuevo estudio utiliza un enfoque similar al de sirve de apoyo al objetivo de reducción de emisiones del 40% de Alemania para 2020. En la Conferencia sobre el Cambio Climático patrocinada por las Naciones Unidas y realizada el año pasado en Cancún, México, el ministro alemán federal de Medio Ambiente, Norbert Röttgen, señaló que "en Alemania, se ha producido un cambio de mentalidad en los últimos años en la industria, la política y la sociedad, Ahora vemos la política climática como una oportunidad y un reto, no como una amenaza."

Röttgen tiene razón. Imagínese una reunión de empresarios textiles en 1800 en que se debatiera la posibilidad de introducir máquinas de vapor para mecanizar sus fábricas de algodón. Uno de ellos calcula que los costos serían prohibitivos en cada una de sus cientos de plantas. Si el resto aceptara el cálculo de abajo hacia arriba, la sociedad habría perdido el impulso del 0,5% al crecimiento anual que esta innovación radical provocó en última instancia. El beneficio para toda la economía fue mayor que la suma de los beneficios para las plantas individuales.

No fue la invención de la máquina a vapor por sí sola la que merece todo el crédito. Entonces, como ahora, los avances tecnológicos generan una cascada de aprendizaje e innovación a medida que proveedores, contratistas y clientes se adaptan a una nueva forma de operar. Cada nueva idea tecnológica importante - la máquina a vapor, el ferrocarril o la computadora personal - significa un impulso adicional al crecimiento.

Una nueva senda de crecimiento para Europa muestra cómo la inversión en eficiencia energética y energías limpias tiene el mismo potencial de revitalizar la Europa de hoy. De hecho, Josef Ackermann, presidente del Deutsche Bank, dijo recientemente que estas inversiones auguran "una nueva revolución industrial: una revolución que transformará la forma en que vivimos."

El análisis muestra cómo crecerán los principales sectores económicos, incluidas muchas industrias que hacen alto intenso de energía. Por ejemplo, los edificios de bajo consumo son una bendición para la industria cementera y química. Obviamente, el sector de los combustibles fósiles se reducirá para el año 2020 a medida que el sistema energético se descarboniza, en un escenario en que el carbón va siendo desplazado por combustibles bajos en emisiones de carbono, principalmente el gas y las energías renovables (la captura y almacenamiento de carbono y la energía nuclear no pueden marcar una gran diferencia para el año 2020). Los nuevos países de la UE, que tienen una menor eficiencia energética, son los que más se beneficiarán, aunque será necesario superar obstáculos importantes mediante mecanismos de apoyo adicionales.

Puesto que la crisis financiera ha reducido las emisiones de gases de efecto invernadero, el objetivo de reducción del -20% establecido antes de la crisis ya no representa un reto suficiente para catalizar un cambio estructural en la economía europea. Y, a medida que los científicos adoptan una perspectiva más sombría y subrayan la urgencia de hacer frente al cambio climático, los economistas son cada vez más optimistas sobre las oportunidades que implica un futuro con bajas emisiones de carbono.

Una nueva senda de crecimiento para Europa apoya ese optimismo y llama a la UE a actuar en consecuencia.

Carlo Jaeger es el fundador del Foro Europeo del Clima y director de investigación del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático. Roland Kupers es profesor visitante en la Universidad de Oxford y ex ejecutivo de Royal Dutch Shell.

jueves, febrero 03, 2011

We can transform our countryside. Put forests in the hands of the people

A campaign to stop the government selling our woodlands misses a great chance to revolutionise their ownership

Guardian, U.K. / The Observer / Andy Wightman 16 January 2011

Last week, I received an email from the campaigning group 38 Degrees imploring me to sign a petition to "Save Our Forests". I studied forestry at university and I love forests. I love the smell of the trees after rain and the lemon scent of Douglas fir needles.

In the early 1990s, I was also an active campaigner in the Taiga Rescue Network, an alliance of NGOs across the northern boreal regions from Siberia to Alaska which was set up partly to counter the hypocrisy of northern governments' demands that countries in the south such as Brazil should stop deforestation in the Amazon. We labelled Canada the "Brazil of the North" due to its rate of temperate rainforest destruction, annoying the hell out of the prime minister.

Forests provide clean air, carbon sinks (ie they absorb carbon dioxide), wildlife habitat, homes and shelter for people, fuel, timber, fruits, nuts, medicines, spiritual healing, recreational opportunities… where to stop? I am a member and co-founder of Reforesting Scotland, a group dedicated to substantial reforestation. All of which is by way of pointing out that I don't need much convincing to save our (or indeed anyone else's) forests. In fact, I have a clear vision of the future.

Right across France and Scandinavia, for example, there are extensive community forests. In France, there are 11,000 forest communes – 30% of all communes in the country – and they own around 3 million hectares of forest which is about 20% of the total forest area of France.

In Scotland, the Forestry Commission runs a National Forest Land Scheme which enables communities to take over ownership of state forests. Land is now increasingly owned by the people whose lives are most affected by, dependent on and shaped by it. The state is not benign and it can be as oppressive as any rapacious private landowner.

Years ago, I asked a prominent historian of the Highlands and Islands, Dr James Hunter, to write an editorial for a magazine about the future of forestry in Scotland. Contrary to the prevailing orthodoxy of the time, he observed: "The Forestry Commission is to Scottish forestry what collectivisation was to Soviet agriculture." He made a good point. Forest ownership should be spread more widely among communities and individuals.

Instead, in Britain we still have a hugely skewed pattern of landownership where the predominance of large private estates and farms is mirrored in the public sector by large, rather distant and unaccountable bureaucracies with the title deeds held by government ministers.

Across Norway and Sweden, towns and workplaces empty during holidays as people head for the woods. There, in summer, they will pick berries, relax in the sunshine and go swimming in the lake. In winter, they will ski and have long debates in the sauna. But it's not just playtime. One community wood I visited in Norway last year generated £500,000 in income and supported two sawmills and a high-quality timber house factory.

Imagine a Britain of small-scale forestry, of farm forestry, of small-scale rural businesses, of community forests. This is not a romantic dream – it's the reality in France and Finland – but it is a million miles from the mean-spirited, shallow and nihilistic corporate land grab being hatched in Whitehall. To get there or anywhere near there, however, we can't continue with the status quo.

If these are "our forests", we need to make them so because the only reason they are under threat is precisely because we, the public, unlike our friends in the French forest communes, have no stake whatsoever in their ownership.

Moving in this direction means challenging state power as well as corporate power. This was achieved in France by revolution. Here, we can do it more peacefully, but it does mean we need to think more carefully about whose forests these are, why they need to be saved, from whom and what we would like to see instead.

Which brings me back to the petition and the questions it appeared to pose. I asked myself whose forests I am being asked to save, why they need to be saved and what threats they are facing, but could find no answers, though I was told that the government is planning a massive sell-off of "our national forests" and that they "could be auctioned and fenced off, run down, logged or turned into golf courses and holiday villages". Yikes, better sign the petition! But then I remembered my questions.

First, "our forests" relate only to the forests in England. I live in Scotland and haven't been into an English forest for a long time, though the last time I was in the New Forest I was enchanted and such places are clearly worth saving.

Then there's the fact that these forests are not "our" forests. Moreover, they don't even belong to the Forestry Commission (FC). All land managed by the FC in Great Britain (Northern Ireland has its own separate Forest Service) is owned by government ministers; in England, that means secretary of state Caroline Spelman.

So what then is the threat? Spelman stated in October that she was proposing to include powers in the Public Bodies Bill to "enable" ministers to modernise forestry legislation. The government then announced that it was looking to sell around 15% of the forestry estate but the really worrying announcement was made by minister of state Jim Paice on 24 November before a House of Lords committee when he stated that the government wished to proceed with "very substantial disposal of public forest estate [sic], which could go to the extent of it all".

Cue the public outcry and rightly so. (I just wish 38 Degrees had explained all this so I didn't need to do all this digging around.) But is the outcry focused on the right target? Clearly, there is (and has long been) opposition to the sell-off of public forests. Even Mrs Thatcher only managed a limited disposal though she too wanted to flog the lot.

Ministers are clearly seeking powers to get round the legal obstacles placed in their way by existing forestry legislation which would limit any disposal to the 15% mentioned earlier. There are other obstacles. Much of the English forest estate (the Forest of Dean, for example) was transferred to the FC by the Crown which would be entitled to compensation if land were sold. But if the Public Bodies Bill is passed, ministers will have a free hand to drive through their unsavoury proposals.

So there is something far more fundamental about this debate. Ownership by ministers is a precarious arrangement for any land which people regard (rightly) as public. It means that sell-offs are always possible even without the enabling powers being sought under the new bill.

If citizens and communities want to follow through the logic of the "these are our forests" arguments, then why not imagine a different future more along the lines of France or Sweden? Why not real community forestry? Anyone for another petition?

viernes, junio 11, 2010

Europa está resuelta a deteriorarse

Project Syndicate / Bjørn Lomborg 2010-06-10

SAO PAULO – En un caso extremo de tratar de encontrar el lado positivo de la más sombría de las situaciones, el comisario de Medio Ambiente de la Unión Europea llegó a la conclusión de que la crisis y la recesión económica globales son de hecho una buena oportunidad para todos.

La comisario Connie Hedegaard señala que el descenso en la actividad económica facilitará a la Unión Europea lograr su objetivo para 2020 de disminuir las emisiones de gas con efecto invernadero un 20% con respecto a su nivel de 1990. De hecho, Hedegaard piensa que la reducción de emisiones se ha hecho tan fácil que los líderes europeos deben ser más ambiciosos y fijarse unilateralmente el objetivo de reducirlas 30% –una idea que ahora ha ganado el apoyo del nuevo gobierno británico de David Cameron.

Estas pueden parecer buenas noticias, pero no en realidad no lo son debido a que hay una fuerte correlación entre el crecimiento económico y las emisiones de carbono. En el caso de la mayoría de los países, las emisiones altas se derivan de tasas de crecimiento mayores. Además, si se restringen las emisiones de carbono sin ofrecer fuentes alternativas de energía asequible, el PIB disminuirá. En otras palabras, al promover reducciones aún más significativas de las emisiones, Hedegaard está en realidad pidiendo una recesión aún mayor.

Cabe señalar que incluso antes de sus actuales dificultades económicas, Europa no podía igualar el ritmo de las tasas de crecimiento de los Estados Unidos, por no mencionar a las economías emergentes como la India y China. Para poder seguir participando, la UE reconoció hace una década que tenía que ser singularmente creativa. De ahí que surgiera la Estrategia de Lisboa del Consejo Europeo de 2000 que giraba en torno al compromiso de aumentar el gasto para la investigación y el desarrollo en un 50% en el transcurso de la siguiente década. Por desgracia, Europa no lo ha hecho: si acaso, el gasto en investigación y desarrollo en realidad ha disminuido ligeramente desde entonces.

Lo anterior es lamentable porque la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías verdes es realmente la única estrategia viable de largo plazo para reducir el consumo de hidrocarburos sin paralizar la economía mundial.

En cambio, los políticos europeos se comprometen cada vez más con la idea de que el calentamiento global es el problema mundial más urgente. Algunos comentaristas con mentalidad de conspiración incluso sugieren que ello está relacionado con la falta de competitividad de Europa: en lugar de tratar de mantener el ritmo, señalan, Europa ha decidido encontrar una forma de frenar a los demás.

No es necesario aceptar este punto de vista maquiavélico para darse cuenta de que tratar de reducir el uso de hidrocarburos ante la falta de alternativas prácticas es una receta para el estancamiento económico. Esto parece ser lo que motivó la negativa de China y la India a aceptar los planes de Europa durante la Cumbre Mundial de Copenhague sobre Cambio Climático de diciembre pasado. La revista alemana Der Spiegel recientemente obtuvo una grabación de la sesión de las negociaciones finales. Es interesante escuchar las reacciones de frustración de líderes europeos como Angela Merkel de Alemania, Nicolas Sarkozy de Francia y Gordon Brown de Gran Bretaña cuando sus homólogos de los países en desarrollo comunicaron su negativa a condenar a sus poblaciones a la pobreza continua con el fin de resolver un problema que los países ricos crearon.

Los intentos de 2010 para reavivar el compromiso con el acuerdo global de emisiones de carbono fracasaron. Tanto el director saliente de la Secretaría del Cambio Climático de las Naciones Unidas como la comisario Hedegaard han admitido lo evidente. Es altamente improbable que se logre un acuerdo en la siguiente cumbre importante que se realizará en México a finales de año.

No obstante, Europa ha seguido por su camino quijotesco, incluso sin un tratado global para reducir las emisiones de carbono. Y no hay que equivocarse al respecto: las restricciones unilaterales de la UE a las emisiones no son solamente económicamente destructivas –probablemente costarán a Europa un estimado de 250 mil millones de dólares anuales para 2020– sino también asombrosamente ineficaces.

Los modelos climáticos muestran uniformemente que las reducciones de carbono tendrían un impacto imperceptible en las temperaturas globales a pesar de todos los estragos económicos que probablemente causarían. El modelo económico-climático RICE ampliamente usado muestra un descenso de 0.05 grados centígrados en los siguientes 90 años. A pesar del enorme gasto, la diferencia en el clima para el fin del siglo sería prácticamente imperceptible.

Por desgracia, parece que Europa ha decidido que si no puede conducir al mundo a la prosperidad, entonces debe intentar conducirlo a la decadencia. Al obstinarse en aplicar un enfoque que en el pasado ha fracasado dramáticamente, parece que Europa quedará condenada a tener una posición económica en declive con menor número de empleos y menos prosperidad. Incluso a los más optimistas les costaría trabajo encontrar el lado positivo de esa actitud.

Copyright: Project Syndicate, 2010.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz