lunes, octubre 29, 2007

Bosques ingresan al comercio de carbono

Por Zilia Castrillón* - IPS/IFEJ

Cómo incluir la protección boscosa en los mecanismos para abatir el cambio climático es el nuevo debate científico y político.

BOSTON
, Estados Unidos, oct (Tierramérica).- Como la deforestación es la segunda mayor fuente de gases que recalientan la atmósfera, expertos centran la discusión en la viabilidad de compensar a los países que protejan sus bosques.

La propuesta Reducción de Emisiones de la Deforestación (RED) no fue incluida en el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático. Pero ahora es evaluada por científicos, empresas y organismos de países pobres con gran cobertura forestal.

El MDL permite que gobiernos y empresas de las naciones industriales obligadas a abatir sus gases invernadero, cumplan en parte invirtiendo en proyectos limpios en países en desarrollo para obtener reducciones certificadas de emisiones a costos más bajos.

"La RED no frenaría el cambio climático, pero podría integrar una estrategia múltiple", explicó al ser entrevistado Christopher Field, director del Departamento de Ecología Global del Instituto Carnegie de Washington.

La RED surgió en 2005 en la 11 Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, liderada por Papúa Nueva Guinea y Costa Rica, con apoyo de la Coalición de Naciones con Bosques Tropicales. Consiste en incluir la deforestación evitada en el comercio global de créditos de carbono, principal gas de efecto invernadero.

Se espera que su implementación se concrete en la 13 Conferencia de las Partes, a realizarse en diciembre en la isla indonesia de Bali.

Brasil por su parte propone un fondo con aportes voluntarios de dineros públicos para compensar el esfuerzo de los países en desarrollo que reduzcan la deforestación y que serían remunerados según la emisión evitada.

En el artículo "Tropical Forests and Climate Policy" (Bosques tropicales y políticas climáticas), publicado el 10 de mayo en la revista Science Express, Field y otros investigadores proponen frenar en 50 por ciento el ritmo actual de deforestación para 2050.

Esto equivaldría a 50 mil millones de toneladas de carbono no lanzadas a la atmósfera, equivalentes a seis años de liberación de gases procedentes de combustibles fósiles, afirman.

Pero esa cifra "es insignificante", según Almuth Ernsting, de la campaña Biofuelwatch-Gran Bretaña. Como la RED no intenta detener la tala de bosques a escala industrial, "muchas selvas tropicales, incluida la Amazonia, se derrumbarán mucho antes de alcanzar ese 50 por ciento", dijo a esta cronista.

La Amazonia es el ecosistema boscoso con mayor cantidad de carbono: 305 toneladas por hectárea, de las cuales 28 por ciento están en el suelo, según un estudio de 1998. Su destrucción liberaría 120 mil millones de toneladas de carbono hasta 2050, lo que sería catastrófico para el clima, agregó Ernsting.

La transformación de ecosistemas naturales en plantaciones agrícolas supone una pérdida de 75 por ciento del carbono del suelo en los trópicos. Eso implica entre 18 y 20 por ciento del total de emisiones por deforestación, según expertos.

En los bosques y suelos hay almacenado casi el doble del carbono existente en la atmósfera, declaró para este artículo William Moomaw, director del Centro para las Políticas Internacionales sobre Ambiente y Recursos de la estadounidense Universidad de Tufts.

Uno de los problemas de la "deforestación evitada" es el riesgo de que las emisiones por pérdida boscosa se fuguen a otras zonas dentro o fuera de los países beneficiarios.

"Si un área es conservada y otra deforestada, ¿cómo funcionaría esa contabilidad? Plantar árboles en otras zonas podría no funcionar, pues a menudo se practica en suelos no aptos para bosques", agregó Moomaw.

Ese problema ya se ha dado con las plantaciones de árboles para absorber carbono y puede repetirse en un esquema de reducción de emisiones de la deforestación, señalan los críticos.

El mercado de carbono sirvió para financiar plantaciones de monocultivos con impactos muy negativos en suelos, comunidades, recursos hídricos e, irónicamente, en las emisiones de carbono, opinó Ernsting.

También hay dudas sobre las dificultades para controlar los cambios en las existencias de carbono de los bosques una vez que el sistema se aplique.

"La supervisión implica algunos gastos, pero las tecnologías satelitales vuelven el desafío relativamente simple", alegó Field.

Las mediciones nacionales pueden funcionar, explicó Moomaw. En el ámbito internacional se necesitaría que la Unión Europea, Estados Unidos y Brasil formaran un equipo coordinado de control satelital disponible para países con pocos recursos y ricos en bosques.

El pago por deforestación evitada debería reducir emisiones netas alentando un cambio en las pautas internacionales y adoptando una tarifa de emisión para países con poca o ninguna deforestación histórica, según la investigación "No Forest Left Behind" (Ningún bosque rezagado), publicada por Conservación Internacional el 14 de agosto en la revista Public Library of Science Biology. Los países con muchos bosques y deforestación relativamente baja son Belice, Bután, Colombia, República Democrática del Congo, Gabón, Guyana, Guayana Francesa, Panamá, Perú, Suriname y Zambia. Habitados en su mayoría por pueblos indígenas, ingresarían al comercio de carbono mediante "créditos preventivos" o recompensas que perderían si aumentara la pérdida boscosa.

Para que el sistema funcione con equidad es importante que participen las comunidades locales, según expertos.

"La deforestación evitada no es mala en sí, pero los modos de concretarla son complejos y están cargados de relaciones de poder desiguales", explicó Helen Leake, del no gubernamental Forest Peoples Programme.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales).

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